"Ser cosmopolita no significa ser indiferente a un país y ser sensible a otros. Significa la generosa ambición de ser sensibles a todos los países y todas las épocas. El deseo de eternidad, el deseo de ser muchos" JORGE LUIS BORGES

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25 de marzo de 2014

Provenza, itinerarios, rutas e informaciones prácticas







Note: para acceder a cada uno de los enlaces que aquí os propongo, nada mejor que 'pinchar' en las palabras resaltadas en rojo ( o azul en el caso de la página facebook de Gus Planet). La siguiente no pretende ser una lista exhaustiva de cada sitio a visitar o de cada itinerario a recorrer en Provenza; lo que aquí comparto es un compendio personal de mis recorridos en éste bello rincón del sudeste de Francia. Espero que sea útil a un gran número de hispanofonos y espero que disfruten el recorrido, tanto como yo lo he hecho escribiéndolo.¡Buena visita!


En los últimos meses he recibido algunos mensajes requiriéndome cierta documentación práctica acerca de cómo venir y qué ver o hacer en Provenza. Es por ello que he decido compartir algunos datos e informaciones que espero puedan ayudar a todos en su planificación de un viaje por nuestra bella región.
Escribo y comparto impresiones personales y fotografías desde un rincón específico de la Provenza, el Parque natural regional de Luberon, simplemente porque es aquí donde vivo actualmente (aunque siempre guardo un pié en Paris). Ésta zona de Provenza es célebre entre los viajeros anglosajones y tal vez por muchos de ustedes: muy cerca de donde me encuentro se sitúan los viñedos del ‘Chateau la Canorgue’, nada menos que el sitio elegido por el director inglés Ridley Scott para ambientar su film romántico ‘Un buen Año’ (‘A good year’) basado en el best-seller internacional, ‘A year in Provence’, de otro británico, Peter Mayle.
Ambos, el libro como la novela, han significado un antes y un después en la masividad y el desarrollo turístico y social de éstos pueblos.

La Provenza francesa que hoy conocemos es muy distinta, en el plano social, político y regional, de lo que fuera a través de los siglos. Su nombre evoca lo que fue la primera ‘Provincia’ del Imperio romano fuera de Italia. Ése carácter latino, mediterráneo, es el que mejor define a los habitantes modernos de la Provenza y constituye uno de los motivos por lo que me encanta vivir aquí.
Geográficamente sabrán adivinar que nos encontramos en el sudeste de Francia, siendo que Provenza se encuentra conformada por cinco departamentos: Vaucluse (donde resido), Alpes de Haute-Provence, Alpes-Marítimos, Bôuches-de-Rhône y Var. La Provenza se encuentra en ése carrefour de caminos romanos que alguna vez unió Roma con Narbona, Tarragona e Hispania, los vestigios del Imperio son numerosos y algunos monumentales (como las Arenas de Nimes y Arles, el Pont du Gard, el anfiteatro de Orange, etc.).

Hablar de Provenza es referirnos a una palabra mítica, que para cada uno de ustedes puede evocar algo diferente: tal vez muchos piensen en los famosos pintores Impresionistas que han sido cautivados por la luz y los colores de ésta preciosa región. Van Gogh, Cézanne, Renoir, Matisse, Picasso, Chagall, Dufy, Léger, Signac, Jean Cocteau, Jean-Michel Folón y tantos otros que han sido y son cautivados por éstos paisajes, ésta luz, éste clima Mediterráneo. El mundo de las letras también ha sido cautivado por los atractivos de la región; así, a través de las décadas, se han sucedido nombres que, gracias a su impronta y el genio de sus puños, han sabido captar y descubrir el alma de éste pueblo. Alejandro Dumas y su Conde de Montecristo, Victor Hugo y Los Miserables, en cuyos primeros capítulos sitúa a los personajes en Provenza. Así como Alphonse Dudet, Marcel Pagnol, Jean Giono, Frederico Mistral (ganador del premio Nobel en 1904), René Char, Emile Zola, Albert Camus. Sin olvidar los numerosos escritores extranjeros que han residido y se han inspirado en los paisajes de la Provenza: Thomas Mann, Edith Wharton, F Scott Fitzgerald, Aldous Huxley, Ernest Hemingway, Graham Greene, Patrick Süskind (autor de 'El Perfume'), Laurence Durrell y por supuesto, Peter Mayle, entre muchos otros.

Para algunos, Provenza tal vez pueda evocar la campiña bucólica de otros tiempos: granjas, viñedos, pastores, campos de lavanda, de girasoles, de amapolas rojas, olivares. Cada estación del año nos obsequia con algún fruto de su providencia y vaya que ésta región ha sido favorecida.
La Provenza puede significar un arte de vida, un estado de comunión permanente. Para mí, que por herencia, por haberme criado entre los bellos bosques, lagos azules e infinitos paisajes de la Patagonia, he aprendido a reconocer la belleza de los entornos que me rodean, Provenza significa ésa cuasi perfecta amalgama entre lo que la Naturaleza ha forjado, nos ha prestado y lo que la mano de los hombres ha sabido realizar de ésa herencia.
Así es como los pueblos de Provenza poseen ése encanto que los hace reconocibles y que nos provocan la sensación de que encajan perfectamente con el paisaje que los rodea, que los hombres han sabido trabajar ésos campos, moldeándolos en perfecta armonía. Claro, eso es lo que he pensado desde que comencé a viajar a ésta zona: tenemos la bendición de vivir y el don de reconocer que nuestro Planeta posee paisajes naturales de extrema belleza, dependido de cada pueblo que se ha establecido en ellos, la tarea de construir y preservar ésas aldeas, ésos pueblos y ciudades que armonizan, o no, con ésos entornos. En ése sentido, éste pueblo lucha constantemente por preservar el legado de sus ancestros y es precisamente allí donde encuentro la Provenza que más me atrae.





¿Cómo llegar a la Provenza?


Dependiendo de nuestro sitio de origen, son numerosas las vías de comunicación para arribar a la Provenza. Todo debe ser analizado dependiendo del medio de transporte que elijamos, nuestro presupuesto y los días que destinemos a recorrer la región. Si, por ejemplo, viajamos desde Aragón, el País Vasco o Cataluña, el automóvil será un excelente medio de comunicación. Barcelona se encuentra, por carretera, a unas cuatro horas de Nimes y desde Suiza o Italia también se puede viajar en pocas horas. No olvidemos que los paisajes, sitios, circuitos, pueblos y ciudades, son numerosos y seguramente desearemos recorrer una vasta zona en pocos días. Sin dudarlo, y muy a pesar de nuestros amigos ecologistas, el mejor medio de transporte y el más eficaz continúa siendo el automóvil.
En la actualidad, es el tren de alta velocidad (TGV) el que permite comunicar trece ciudades francesas con Barcelona. En diciembre último se ha inaugurado la línea Paris-Barcelona: 5h35 (o 6h25) es el tiempo que demora y entre 59 euros y 170 euros, es el precio del billete.
Las ciudades conectadas desde Barcelona son Girona, Figueres y Perpignan. Desde ésta última una línea continúa hacia Carcassonne y Toulouse y otra hacia Narbonne, Béziers, Montpellier y Nimes. Desde Nimes continuaremos viaje hacia Avignon, Aix-en-Provence y Marsella o hacia Valence, Lyon y Paris.
Claro, los destinos más próximos de la Provenza son (en territorio francés), Montpellier-Marsella o Nimes, Aix-en-Provence y Avignon. Por ejemplo: si partimos a 9h20 de Barcelona Sants, llegamos a las 13h38 a Valence Gare TGV, retomamos el tren a las 14h43 y a las 15h31 arribamos a nuestro destino en Aix-en-Provence Gare TGV. En total son unas seis horas de trayectoria y el costo varía según la época del año, pero se encuentra en el orden de los 60 euros hasta 180 euros.
Para los amigos que nos visiten y cuya ciudad de partida sea Paris (muchos vuelos desde el continente americano tienen Paris como destino), lo mejor que pueden hacer es tomar el nuevo servicio de trenes de alta velocidad (TGV) de bajo costo, conocido como ‘OUIGO’.

Éste servicio, propuesto por la agencia de servicios ferroviarios de Francia, parte en realidad desde la estación Marne-la Vallée, situado en la entrada del Parque Euro Disney y a 45’ en tren suburbano desde el centro de Paris (estación Les Halles-Chatelet). Desde Marne-la Vallé el recorrido nos acerca hacia Lyon, Avignon, Aix-en-Provence o Marsella. Hace algunas semanas he tomado el servicio, muy confortable, desde Marne-la Vallée-Avignon, el trayecto ha sido de 2h35 y el precio de… ¡25 euros! Realmente ‘OUIGO’ es un excelente servicio, los vagones son nuevos, no se permite hablar por teléfono ni fumar y hace unos días ha comenzado la venta de verano con un precio a partir de 10 euros. Eso sí, sólo se permite portar un bolso de mano, todo equipaje extra conviene abonarlo por internet en el momento de la reserva, a un costo de 5 euros por bulto.
Las estaciones de TGV de Lyon, Avignon, Aix-en-Provence y Marsella son modernas y confortables. Todas cuentan con el servicio de alquiler de coches, provistas por las marcas más reconocidas internacionalmente (Sixt, Europcar,Hertz, Avis, etc.).


En cuanto al avión, no debemos olvidar que los aeropuertos de Niza (el segundo a nivel nacional en cuanto a número de destinos y vuelos) y Marsella, poseen vuelos directos o conexiones con las principales ciudades de Europa, África, Medio Oriente y América del Norte.
El aeropuerto de Niza es conocido como ‘Aéroport de Nice-Côte d’Azur’ y el de Marsella, ‘Aéroport Marseille-Provence’. Desde allí también es posible el alquiler de coches a través de las principales compañías internacionales.
Para los viajeros que se encuentren solos o no deseen alquilar un automóvil, claro que existen compañías de turismo o guías locales que organizan visitas con circuitos previamente armados o ‘a la carta’, según nuestras propias expectativas, el tiempo disponible y nuestro presupuesto. Uno de ésos operadores privados puede ser 'Experience Provence', de Marlene Boyer y basado en Avignon, 'Tours en Provence', una guía basada en Aix-en-Provence y que habla el español o 'Provence Connection', basados en Marsella y en Aix-en-Provence.






Rutas e itinerarios:


Provenza son los paisajes de los Alpes del sur, allí donde las fronteras con la Italia del norte han sido forjadas a través de sus múltiples entornos naturales. Evocar los Alpes del sur, es pensar en el departamento conocido como los ‘Alpes de Alta-Provenza’ (Alpes de Haut-Provence) y pueblos y ciudades medianas como Moustiers-Sainte-Marie, Castellane, Entrevaux, Saint-André-les-Alpes, Gap, Folcalquier, Dignes-les-Bains, Sisteron, Barcelonnette. Para numerosos visitantes, por aquí reside la Provenza más ‘auténtica’, más salvaje y alejado de los centros masivos de turismo. Desde las altas cumbres de los Alpes del Sur y el espectacular Parque Nacional de Mercantour (Mont Pelat, 3050mts), pasando por las planicies agrícolas de Valensole y las maravillosas ‘Gorges du Verdon’ (Gargantas del río Verdon), el cañón más imponente de Europa, el cual nada tiene que envidiar al Gran Cañón del Colorado en los EEUU. Para conocer algunos de los sitios naturales más bellos de ésta zona, no dejes de visitar la página de 'Costa Azul Naturaleza'.
La actividad principal son la talasoterapia, el montañismo, el pastoreo, los centros de esquí y, en verano, los famosísimos campos de lavanda, los cuales generan todo tipo de actividades e ingresos para sus productores: turismo, por los miles de turistas que llegan cada año para disfrutar del espectáculo de ésos paisajes; perfumería, porque ésa lavanda es destinada para los oficios de la perfumería y sus derivados y ¿por qué no incluirlo? ¡Ésos campos de lavanda son generadores de sensaciones de felicidad en las personas que tienen la posibilidad de experimentarlos!

Diversas Rutas son propuestas por las Oficinas de Turismo locales:


Rutas de la Lavanda
• Ruta de Napoleón
Ruta de los Grandes Alpes
• Ruta de los Pueblos pintorescos
• Ruta de los Cuadrantes solares
Ruta de las ‘Rocas que nos cuentan una historia’


Entre los Alpes de Alta-Provenza y el Mediterráneo se encuentran los ‘Alpes-Marítimos’, otra preciosa zona rural totalmente dedicada al cultivo de flores. Y ése oficio de agricultores floristas se lo deben a una ciudad que, desde la Edad Media, ha sabido explotar ése recurso.
Estamos hablando de Grasse, capital nacional de los floristas, inmortalizada en la novela del alemán Patrick Süskind, ‘El Perfume’, y en el filme homónimo protagonizado por Dustin Hoffman.
Claro, en los Alpes-Marítimos acercándonos al Mediterráneo, nos encontraremos con una serie de bellísimos pueblos provenzales, como Saint-Paul-de-Vence y Gourdon, situados en las cercanías de Niza, la cual considero como la ciudad más bella y con clase del sur de Francia.



Aquí se confunden los Alpes-Marítimos con la Riviera francesa o la mundialmente famosa Costa-Azul: Menton, Mónaco, Villefranche-sur-Mer, Saint-Jean-Cap-Ferrat, Niza, Antibes, Juan-les-Pins, Cannes, Saint-Raphaël, Saint-Tropez. Tantos nombres evocadores y tantos sitios a descubrir.
Entre el Parque Nacional de Mercantour, en los Alpes del Sur y el Litoral marítimo, podremos encontrar decenas de pueblos (como los mencionados Saint-Paul-de-Vence y Gourdon) y numerosos centros de esquí que ofrecen una de las vistas más fascinantes de éste rincón de Europa: ¡aquí podremos esquiar en los Alpes mientras observamos a escasos kilómetros el azul horizonte del cercano Mar Mediterráneo!

Las Rutas turísticas que se ofrecen por ésta zona son, cuando no, numerosas:


• Ruta del ‘Barroco Nisso-Ligure’
Ruta de los Retablos religiosos de la Escuela de Niza
• Ruta de Napoleón
Ruta de los Jardines de la Riviera
• Vía romana Julia-Augusta
Ruta de la flor de la Mimosa
• Rutas de la Lavanda

Una vez visitado ésa zona de los Alpes Marítimos y la Costa Azul, podremos continuar nuestro camino por el litoral marítimo hacia Marsella y la Camarga: nos encontramos entre los departamentos de Var y Bouches-du-Rhône. Ramatuelle, Le Lavandou, Hyéres, Toulon, Bandol, La Ciotat, Cassis y Marsella, son algunos de sus puertos más famosos. Aunque en primavera-verano, lógicamente la actividad más floreciente es el turismo de mar, no olvidemos que son la vitivinicultura (legado también del Imperio romano), la pesca (legado de los fenicios) y la industria naval y militar, los grandes motores de la economía local.



El litoral marítimo es perfecto para las ‘escapadas al mar’: miles de turistas llegan hasta allí para alquilar propiedades, cuyo costo y servicios dependerá del bolsillo de cada uno. En ésta zona lo que más me agrada visitar son los ‘Calanques’ (calas) entre Cassis y Marsella. En cualquiera de éstos dos puertos, es posible tomar una excursión hacia ésos sitios llenos de belleza, encanto y espíritu mediterráneo. Cassis es un precioso pueblo donde pasar una tarde y donde se puede comer muy bien. Marsella es ‘la ciudad’ de la Provenza por excelencia y claro, debido a su población e importancia, es la segunda ciudad más grande de Francia.
Personalmente considero que Marsella posee mucho potencial, pero no es una ciudad que me atraiga. Es interesante desde el punto de vista cuya población es un perfecto muestrario de la inmigración en éste rincón del sur de Francia y se compone básicamente de todos los pueblos que conforman la cuenca del Mediterráneo: en gran mayoría inmigrantes magrebíes del norte de África, así como de otros pueblos árabes de Medio Oriente, de griegos, italianos, españoles y portugueses. Lamentablemente no sé lo que es que genera que Marsella sea la ciudad con más tasas de criminalidad de toda Francia, que diversas mafias se encuentran muy activas y que los índices de paro sean también los más altos del país.
De todos modos Marsella se encuentra, desde el año 2013 cuando fue designada Capital europea de la Cultura, en un dinámico proceso de renovación: grandes transformaciones en la zona del Puerto Viejo, increíbles museos modernos de nivel internacional, una gran revalorización del litoral marítimo y una clara necesidad de salir de tantas décadas de letargo.
Entre Marsella y Arles (otra de las grandes ciudades de Provenza) se encuentra el Parque natural regional de la Camargue, nada menos que el delta más importante de Europa; un perfecto estuario del Ródano cuya desembocadura otorga el nombre a éste departamento: ‘Bouches-de-Rhône’, las ‘Desembocaduras del Ródano’.




La Camarga es, culturalmente, más próxima a España que a Francia: aquí reinan las explotaciones agrícolas y la crianza intensiva del ‘toro de la Camarga’, una raza utilizada para las ‘Corridas provenzales’ y para la alimentación, ya que la carne de toro de la Camarga es muy apreciada en toda la Provenza.
Al norte de Marsella se encuentra otra de las capitales de la región (y la segunda ciudad que más me gusta luego de Niza). Se trata de Aix-en-Provence, famosa porque alguna vez fuera la capital de los Condes de la Provenza y del recordado Rey René y por su más ilustre habitante, Paul Cézanne, quien inmortalizara en numerosos cuadros un precioso macizo llamado la ‘Montaña Santa Victoria’, popularmente conocido como la ‘Montaña Cézanne’.
Ahora bien, retomando los caminos de la Camarga no deberíamos perdernos de visitar los pueblos de Martigues, Saintes-Maries-de-la-Mer (capital del pueblo gitano, quienes consideran, según una leyenda local, que fue aquí donde desembarcaran la Virgen María, María Magdalena y María Salomé, las ‘Santas Marías’, en su exilio forzado por los romanos), le Grau-du-Roi y Aigues-Mortes, pueblo fortififcado y comenzado a construir por orden de Luis IX (San-Luis) en 1240. Fue desde Aigues-Mortes que San-Luis parte hacia sus dos últimas cruzadas, en 1248 y 1270.
Aigues-Mortes, como la vecina Nimes, son dos sitios que, geográficamente, pertenecen al departamento de Gard y la región de Languedoc-Roussillón, ¡aunque culturalmente poseen todas las características de la Provenza más profunda!


La muy romana Nimes posee Arenas, termas y la famosa ‘Maison Carré’ que es considerada como el monumento mejor conservado del mundo romano. Muy cerca de allí se encuentra el ‘Pont du Gard’, un magnífico acueducto romano de 2000 años de antigüedad; tan bien conservado que, si fuera necesario, podría continuar transportando el agua desde su fuente en Uzés (otro precioso pueblo de la región) hacia la ciudad de Nimes. ¡El Viaducto de Gard es, simplemente, otra de las maravillas del mundo romano!
Los circuitos que podremos realizar por ésta amplia zona son, evidentemente, numerosos. Tomando como base las grandes ciudades como Marsella, Aix-en-Provence, Arles o Nimes, podremos recorrer algunos de los paisajes y sitios urbanos más reconocidos de la región.

Algunas de las rutas propuestas son:


• Circuito turístico descubriendo Marsella y el litoral marítimo
• Ruta panorámica de Marsella a Cassis
Circuito turístico de Marsella y la Camarga
• Ruta de los Tesoros de la Provenza
• Ruta sobre los pasos del escritor Marcel Pagnol
• Ruta romana recorriendo Arles, Nimes y el Pont de Gard
• Circuito turístico recorriendo Aix-en-Provence y la Montaña Santa-Victoria
La Ruta de Cézanne

Entre las ciudades de Arles y Saint-Rémy-de-Provence se encuentra el macizo montañoso conocido como ‘Les Alpilles’: en sus entornos se ha generado otro de ésos rincones provenzales que posee su propio carácter, no menos provista de belleza. Partiendo desde Saint-Rémy-de-Provence, cuyo habitante más ilustre ha sido un tal Michel de Nostredame, popularmente conocido como Nostradamus, podremos descubrir un precioso circuito alrededor de los Alpilles que nos conducirá a sitios como Tarascon, el mencionado Arles, Salon-de-Provence y por supuesto Les Baux-de-Provence, un reconocido pueblo medieval, cuyo antiguo castillo/fortaleza se encuentra situado sobre la cima de un promontorio rocoso, lo cual le otorga un carácter único que es visitado cada año por decenas de miles de personas. En mitad de camino entre Les Baux-de-Provence y Saint-Rémy-de-Provence se encuentra otro sitio arqueológico muy significativo: se trata de Glanum, una de las tantas maravillas legadas por los romanos.





No olvidemos que en todo éste perímetro de la Provenza, existen numerosas rutas que trazan el recorrido de los grandes ‘Pintores de la luz’ (Peintres de la Lumiére) como son conocidos. Así, diversas oficianas locales de turismo, han creado circuitos que nos llevarán a través de:


Ruta de los Pintores de la Luz
Ruta de los Pintores de la Costa Azul
Ruta de Van Gogh en Arles y en Saint-Rémy-de-Provence


También numerosas agencias de viajes privadas organizan circuitos temáticos que nos permitirán recorrer, confortablemente instalados con chofer y guía, los sitios más apreciados por ésos pintores que tanto han hecho en la difusión de ésa pasión llamada ‘Provenza’.
Ahora sí, podremos entrar de lleno en la zona de Provenza que más conozco y la que suelo describir en mis crónicas y fotografías.
Al norte de los Alpilles, de Arles y Aix-en-Provence, se encuentra Avignon, la legendaria ciudad de los Papas y el buen vino, capital del departamento de Vaucluse (‘vallis clause’, valle cerrado para los romanos). Vaucluse se encuentra en una zona bordeada por el Ródano al oeste, el rio Durance al sur, los Alpes del Sur al oeste y el departamento de la Drome al norte.
Aquí nos encontramos en una zona de extensos campos de lavandas, de reconocidos viñedos, de la famosa trufa negra y de los melones, uno de los productos más reconocidos que se producen en Vaucluse, lo que le otorga el derecho de ser conocida como ‘la huerta de Francia’.
Como lo he contado en numerosas ocasiones, en el departamento de Vaucluse se encuentran algunos de los pueblos más pintorescos y mejor preservados. Muchos de ellos reconocidos en la prestigiosa organización de ‘Los Pueblos más bellos de Francia’.
Recorrer el Valle del Ródano es visitar algunos de los mejores viñedos de Francia, cuyo prestigio internacional se lo deben a los papas que, luego del cismo del siglo XIII, deciden separarse de la Iglesia de Roma y fundar su propio papado disidente. El sitio elegido para sus actividades administrativas y políticas fue Avignon, aunque como toda curia, supieron fundar otro sitio para sus actividades ‘recreacionales’. Así nació ‘Chateauneuf-du-Pape’, hoy mundialmente conocido como la región donde se producen algunos de los mejores vinos.
Vaucluse es también una zona de reconocibles sitios romanos, claro, Orange es el mejor ejemplo: ésta ciudad posee uno de los anfiteatros más grandes y mejor preservados del mundo romano y lo que lo hace más fascinante, es que en la actualidad se continúa utilizando para fines artísticos. El festival de Ópera del anfiteatro romano de Orange, es uno de los más bellos y reconocidos de Europa. Claro, cerca de Orange no deberíamos perdernos de visitar ‘Vaison-la-Romaine’, otro de los pueblos que resguarda numerosos testimonios del Imperio romano.
Vaucluse posee una cima, reconocida por todos aquellos amantes del ciclismo de ruta: se trata del ‘Mont Ventoux’ (Monte Ventoso) que, con sus 1912mts de altitud, constituye el punto más alto de la Provenza. El Mont Ventoux, a pesar de las inclemencias climáticas de su cima, ha generado una zona de pueblos y cultivos sumamente preciosos, lo que constituye una serie de aldeas pintorescas y tranquilas, donde la agricultura y el pastoreo continúan siendo las actividades principales.



Alrededor del Mont Ventoux podremos apreciar dos macizos montañosos: las ‘Dentellas de Montmirail’ y el ‘Parque natural regional de Luberon’. Las ‘Dentellas de Montmirail’ es donde se encuentran éstas pequeñas explotaciones agrícolas que dotan de renombre a la región.
Viñedos del Valle del Ródano, olivares, quesos de cabra y frutas y verduras BIO son algunos de los productos más reconocidos; aquí, no deberíamos dejar de visitar los pueblos de Gigondas, Vacqueyras, Beaumes-de-Venise, Le Barroux y Malaucéne. Así como Sault, Bedoin y Aurel son conocidos por sus explotaciones de lavanda, lo que ha generado una serie de valles y paisajes sumamente pintorescos.
En nuestro camino hacia el sur del departamento, no deberíamos dejar de lado L’Isle-sur-la-Sorgue, Fontaine-de-Vaucluse y Pernes-les-Fontaines, tres sitios donde el agua ha sido, desde siempre, el motor principal de la economía local. Fontaine-de-Vaucluse es un sitio especial, su nombre se debe a que aquí se encuentra la naciente del rio Sorgues, uno de los sitios más misteriosos y deslumbrantes de Provenza. Hasta el día de hoy se desconoce la profundidad exacta de ésa vertiente, lo que sí se sabe es que sus tributarios son una serie de canales subterráneos que llegan desde centenas de kilómetros a la redonda.
Asimismo, Fontaine-de-Vaucluse es el sitio donde residió el poeta italiano Petrarca y fue allí donde compuso su famoso poema de amor a Laura, una joven hija de un acaudalado local.

Finalmente nos acercamos al Parque natural regional de Luberon, el sitio donde vivo en la actualidad. Ésta preciosa área del departamento de Vaucluse, es conocida por la calidad de su clima, la belleza de sus paisajes, la riqueza de sus explotaciones agrícolas, la fotogenia y variedad de sus mercados provenzales y, sobre todo, por ser el sitio donde se sitúan una serie de pequeños pueblos colgados, literalmente, de las colinas (‘villages perchés’), siendo que un puñado de ellos pertenecen a la estricta organización de ‘Los Pueblos más bellos de Francia’.
El macizo de Luberon posee dos áreas separadas por la ‘Combe de Lourmarin’, el Pequeño Luberon al este, y el Gran Luberon al oeste. Las aldeas más pintorescas de aquí son: Lourmarin, Ansouis, Lauris, Oppéde, Bonnieux, Lacoste, Goult, Roussillon-en-Provence, Saint-Saturnin-les-Apt, Ménerbes, Gordes y la famosa Abadía de Senanque. La actividad ganadera y la agricultura siguen siendo una parte importante de la economía local, pero otra gran parte es constituida por el turismo de alto nivel,  gracias a la belleza de sus entornos y a la instalación de establecimientos hoteleros y restaurantes de prestigio. En una área de escasos kilómetros nos encontraremos con nada menos que siete establecimientos de la exclusiva organización 'Relais&Chateaux' y algunos de los restaurantes más reconocidos de la región. Todos éstos pueblos han sido descriptos por mí en artículos anteriores, los cuales pueden consultar en las columnas de la derecha de ésta página.
Finalmente, para seguir cotidianamente las actividades de la región, deleitarse con otras fotografías, artículos, fiestas, deportes, noticias locales, no dejen de visitar la página de FACEBOOK de Gus Planet, allí los espero para compartir ésa fiesta de la Naturaleza, para que ése sueño llamado Provenza continúe!








Quelques Notes:
Considero que la mejor época para visitar Provenza, es entre los meses de mayo a octubre, con un espacio entre los meses de julio/agosto cuando los campos de lavanda se encuentran en su mejor expresión. Claro, ésos meses del verano constituyen los del arribo masivo de turistas. Pero permitanme comentarles que, evitando los fines de semana y los puntos turísticos más reconocidos, nos será muy fácil escapar a la masa.
Cada uno sabrá sus posibilidades económicas en cuanto al alojamiento: de todos modos, cada presupuesto es contemplado y cada uno contará con los establecimientos de su conveniencia. Perosnalmente me gusta, cuando descubro un sitio de ésta características, alojarme en casa de familias. Éso que los americanos denominan 'bed&breakfast' y que en francés tienen su colorario en 'chambres d'hôtes'. Los anfitriones suelen ser muy agradables, los sitios muy bien cuidados, los precios adecuados y la posibilidad de tener un contacto más cercano nos permitirá descubrir ésos pequeños detalles que nos permitirán pasar una estadía diferente.
Las actividades a realizar son infinitas, las pistas de cicloturismo se encuentan muy bien desarrolladas, y claro, acercándonos a las oficinas de turismo locales, podremos proveernos de mapas y consejos.
Los mercados populares son muy pintorescos, pero aquí vale una aclaración: no todos los productos que se ofrecen son auténticamente provenzales. Cuando vemos ésas frutas y verduras brillantes, perfectas, coloridas, debemos tener cuidado, porque no suelen ser originarios de agricultores locales. Para saber cuales si lo son, simplemente debemos consultar qué dias y en qué sitios se organizan 'marchés paysannes', es decir, mercados de paisanos, como se conocen a los mercados que proveen frutas y verduras arribados directamente desde las explotaciones locales.
Y por favor: no compren ésas bolsitas coloridas con 'hierbas de Provenza': el 90% del mercado suelen ser un producto elaborado a base de hierbas recolectadas, con suerte, en Rumania, Hungría y otros países del este. Así como debemos prestar atención a las cerámicas, otro producto favorecido por el gusto de los turistas: las cerámicas coloridas, con esmaltes brillantes, perfectos, generalmente de colores amarillos y naranjas intensos, suelen ser producidas en... ¡China! Y sin ofender a nuestros amigos orientales, lo mejor que podemos hacer es tener un ojo crítico, observar detenidamente el producto que se nos ofrece y, dentro de nuestras posibilidades, averiguar el origen de las piezas deseadas.

7 de marzo de 2014

Recorriendo Goult, otro precioso pueblo de la Provenza





 



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Nos situamos nuevamente en el Parque natural regional de Luberon, éste enclave de la Provenza francesa más auténtica y preservada. A lo largo de ésta serie, hemos descubierto algunos de los pueblos más bellos y prestigiosos de la región, muchos de ellos listados en la organización de 'Los Pueblos más bellos de Francia', donde cada uno posee alguna característica que los hace interesantes y particulares.

Continuando nuestro recorrido, llegamos a Goult, otro de ésos pueblos destacados, un poco más alejado y preservado del circuito de turismo masivo y que por ende se me antoja resguarda más autenticidad.
La mejor manera de llegar a Goult es a través de una pequeña ruta departamental partiendo desde Roussillón-en-Provenza, ése fantástico pueblo donde reinan los ocres y donde la singularidad de su arquitectura se amalgama perfectamente con el paisaje circundante.


Atravesaremos colinas, viñedos, pinares y en cada curva del sinuoso recorrido, aparecerán (como visiones mágicas) algunos de los más destacados establecimientos rurales de la zona. Conduciremos algunos escasos kilómetros y he aquí que por fin asoma nuestro destino: el bello pueblo de Goult que, como si de un navío se tratara, con su castillo/proa penetra en los preciosos viñedos como un océano de belleza calma e infinita, quienes permiten la navegación del pueblo/navío.


Goult es una joya en el Luberon, se me ocurre describirlo como un precioso sitio que preserva su calma y autenticidad: aquí no desean pertenecer al 'club de los más bellos pueblos', porque sus habitantes saben que la hermosura de su aldea también reside en la serenidad de su vida cotidiana.
Ésta auténtica aldea debe su origen, como muchas otras en la región, al primitivo establecimiento de tribus 'celtas-ligures', el pasaje del Imperio romano y el posterior establecimiento de señoríos feudales, los verdaderos constructores de la mayoría de éstos pueblos.
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Emplazado alrededor de su bien preservado castillo (hoy convertido en una lujosísima residencia privada), en las sinuosas callecitas de Goult podremos apreciar el trazado de diferentes épocas y estilos en cuanto a su arquitectura y decoración exterior. Durante siglos, una pujante saga familiar fué la propietaria del castillo local y de numerosos otros en los alrededores: los Agoult fueron la típica familia poderosa, que supieron conquistar territorios, negociar tratados con reyes y condes y expandir sus dominios en el trazado y la construcción de decenas de pueblos vecinos.

Y como ésas otras aldeas pertenecientes al Parque natural regional de Luberon, Goult sufrió los vaivenes socio-políticos (pestes, guerras e invasiones), que durante siglos fueron la constante en la vida de éstos pueblos provenzales: una vez atravesadas ésas pestes y guerras de religión, una vez atravesada la Revolución de 1789, ser casi abandonado durante el siglo XIX y buena parte del XX y atravesado dos guerras mundiales, Goult finalmente comienza su lento renacer a principios de los años ‘50, cuando se produce el redescubrimiento de los encantos de la vida rural y comienzan las primeras migraciones de carácter turístico.


En la actualidad Goult ha logrado preservarse con la singularidad que sus habitantes originarios hablando la lengua local deben convivir con acentos extranjeros, sobre todo belgas, alemanes e ingleses afortunados, quienes pagan precios siderales por las villas rurales, mansiones, hoteles privados y cuánto edificio se haya preservado y restaurado, generalmente en manos de agentes inmobiliarios de renombre internacional.


Al respecto, periódicamente se publican reportajes que hablan sobre la necesidad de superviviencia de éstos preciosos pueblos, entre el encanto de lo auténticamente rural y local y la presencia de nuevos habitantes, parisinos y/o extranjeros, quienes, gracias a sus inversiones en el patrimonio arquitectónico local y su adaptación a la forma de vida local, dinamizan sus economías. El desafío, entonces, es grande: continuar con la preservación de los espacios naturales y arquitectónicos y dinamizar la vida cotidiana de los poblados, sobre todo con la implantación de numerosos artistas, escritores, pintores, escultores (algunos de renombre internacional!), que embellecen éstos pueblos y generan eventos culturales de envergadura.

Goult es de ésos pueblos que poseen varios sitios muy interesantes a visitar: nuestra recorrida debería comenzar por la plaza del Ayuntamiento y la Iglesia de San-Sebastián (del siglo XI), que llama nuestra atención. La Iglesia de San-Sebastián posee pinturas murales muy antiguas, como antiguo es el altar y el mobiliario interior. Una primera observación de los alrededores, nos permitirá apreciar una arquitectura netamente provenzal, donde la piedra es el principal elemento de construcción.
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Aquí deberíamos continuar nuestro recorrido, pero atención, el automóvil lo deberemos dejar en alguno de los estacionamientos locales, ya que la visita del pueblo se realiza únicamente a pié.

Partiendo del Ayuntamiento, en primer lugar nos toparemos con algunos cafés y pequeños restaurantes. Un café en especial debería llamar nuestra atención: se trata del ‘Café de la Poste’ (Café del Correo), un establecimiento familiar que cuenta con una excelente cocina y con una preciosa terraza, muy apreciada por visitantes y locales, siendo uno de mis sitios favoritos en todo momento de la jornada. Su terraza es perfecta para ésos días soleados donde recobrar fuerzas luego de un recorrido en bicicleta o simplemente para ver pasar el ritmo de la vida en Provenza!

Una vez que nos encontremos recorriendo las sinuosas callecitas de Goult y realizando nuestra ruta de acuerdo a un interesante itinerario confeccionado por la Oficina de Turismo de la comuna local, no deberíamos dejar de buscar los puntos panorámicos que nos permitirán tener una verdadera aproximación de los paisajes y colinas de Luberon; así como observar los pueblos vecinos, que modifican su silueta de acuerdo a la hora del día y por ende, a la situación del sol. Ojalá ustedes queden atrapados, como yo lo estoy, por la belleza de ésos valles y por el encanto de los pequeños pueblos medievales, colgados literalmente de las colinas.

Atravesamos el ‘casco urbano’ de Goult y nos hallaremos frente a un viejo molino de viento restaurado: se trata del Molino de Jerusalén, uno de los más antiguos de la región y uno de los que ha sido mejor preservados. Desde allí podremos emprender el camino hacia otra de las atracciones turístico-culturales de Goult: el ‘Conservatorio de Terrazas cultivadas’, un auténtico ‘museo al aire libre’ perfectamente restaurado por asociaciones locales, que nos permiten recorrer y observar un tipo de trabajo muy común en la región.
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Los cultivos en terrazas fueron, históricamente, la forma que encontraron los primitivos habitantes de Provenza y del Parque natural regional de Luberon para organizar sus plantaciones: es una forma expandida en numerosos pueblos del Planeta y que por aquí tuvo su auge gracias a que sus habitantes se encontraron con materiales suficientes (sobre todo piedras calizas) para llevarlas a cabo.

Luego de décadas de abandono, éstas terrazas han sido redescubiertas y su antigua función puesta en valor: no sólo podremos visitar las terrazas propiamente dichas, en nuestro recorrido nos toparemos con ‘bories’, antiguas cabañas de piedra donde los agricultores locales guardaban sus herramientas o, si era necesario, pasaban la noche. También veremos ‘aiguieres’, que son pozos de agua tallados en la piedra y claro, caminaremos entre preciosos olivares, plantados como en la antigua tradición local.
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28 de febrero de 2014

Bonnieux y Lacoste, dos pueblos con encanto


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“Habréis multiplicado los bribones de la nación, habréis hecho pérfidas a las esposas, calumniadores a los lacayos, desgraciados a los hijos, habréis duplicado el cúmulo de los vicios y no habréis conseguido que floresca una sola virtud.” Marqués de Sade
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“Las cadenas, las delaciones, las mentiras, las traiciones, los cadalsos hacen esclavos y producen crímenes; sólo a la tolerancia pertenece establecer y conquistar los corazones; sólo ella, ofreciéndole virtudes, las inspira y las hace adorar.” Marqués de Sade
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Durante algunos siglos guerras de religión separaron dos pueblos que poseen un destino en común y, como muchos otros de la región, la paz y prosperidad actuales nada tienen que ver con su tumultuoso pasado.

Para aquellos que visitan éste espacio por primera vez, les comento que nos situamos en el Parque natural regional de Luberon, ubicado en el departamento de Vaucluse, región PACA (Provence-Alpes-Côte d’Azur), sudeste de Francia. Nos encontramos a unos 350kms de Girona (España), 300kms de San Remo (Italia), 400kms de Génova (Suiza) y unos 735kms de Paris (Francia).

El Parque natural regional de Luberon es un macizo montañoso no muy elevado, que presenta zonas agrícolas, bellísimas colinas repletas de viñedos, granjas que producen algunas de las mejores variedades de frutas y verduras del país y, sobre todo, es reconocido mundialmente porque albergue algunas explotaciones de lavanda (con el único Museo dedicado a éste cultivo), establecimientos vitivinícolas como Château la Canorgue (famoso por servir de escenario a la película 'Un buen Año', de Ridley Scott y protagonizada por Russell Crowe y Marion Cotillard) y sus encantadores pueblos medievales, literalmente ‘colgados de las colinas’, entre los que destacan un puñado clasificados en la exclusiva lista de ‘los Pueblos más bellos de Francia’.

Muchos de ésos pueblos los he descripto en numerosas ocasiones, buscando en el listado que se encuentra a la derecha de la página los podrán ubicar fácilmente.

Entre ésas bellas aldeas que destacan se encuentran Bonnieux y Lacoste, ubicados frente a frente, quienes  han sufrido transformaciones a lo largo de los siglos y se han enfrentado durante las famosas 'guerras de religión': Bonnieux la cristiana contra Lacoste la protestante. Asimismo, a lo largo de los siglos, ambos pueblos fueron el refugio de pensadores, artistas e intelectuales, quienes han sabido dejar su impronta en la región.
Como muchas regiones y poblaciones de Francia, las transformaciones sufridas luego de la Revolución, el paulatino abandono de la vida rural y las dos guerras mundiales, provocaron su deserción y el abandono de su patrimonio arquitectónico y cultural.
Claro, tuvieron que pasar años y el redescubrimiento de éstos pueblos por gente como Picasso, Chagal, Vasarély o Willy Ronis, conjuntamente con la ley Malraux (de los años ’60) que promulgaba la protección, salvaguarda y restauración del patrimonio histórico y cultural de Francia, para que éstas aldeas tuvieran otra oportunidad de destacarse.
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Actualmente considero que Bonnieux es el que sobresale de los dos pueblos aquí presentados: posee toda la belleza y el encanto de los pequeños pueblos provenzales, con una arquitectura que le debe mucho al legado del Imperio romano (de hecho, muy cerca de allí se encuentra el trazado de la Vía Domitia, hoy transformada en una fabulosa bicisenda y el famoso ‘Puente Julián’ que, con sus dos mil años de antigüedad, es de una de las obras de ingeniería legadas por los romanos) y a la siempre cercana cultura italiana. Sin embargo Bonnieux, al contrario de Lacoste, es un pueblo que se siente vivo, con una importante población permanente y todos los beneficios de la vida a medio camino entre el mundo urbano y el medio rural.

El Bonnieux moderno posee casas y edificios que, en su mayoría, datan de un periodo que abarca los siglos XVI y XVIII, aunque ha sabido preservar pórticos y murallas de los siglos XI y XIV. Si tenemos que mencionar edificios históricos, la que aún trona en la cima de la colina es la Vieja Iglesia de Bonnieux, que posee elementos y muros que datan entre los siglos X (estilo románico) y XIV (conocido como gótico provenzal).
Como en todo pueblo de Luberon, lo mejor que se puede hacer en Bonnieux es deambular libremente por sus encantadoras callecitas, muchas de ellas verdaderamente empinadas, disfrutar de las fabulosas vistas del valle, dejarse envolver por los colores y las técnicas de obras de numerosos artistas que se han instalado en el pueblo y/o en sus alrededores y, si el tiempo se los permite, disfrutar tranquilamente de las terrazas de ése puñado de cafés y pequeños restaurantes donde es posible degustar muchas de las especialidades locales, entre las que destacan los famosos vinos de Luberon!

Hablando de vinos y viñedos, éste precioso elemento de la cultura local (otro legado de los romanos), forma parte ineludible del paisaje de Luberon. Precisamente, el valle situado entre Bonnieux y Lacoste, se me antoja como uno de los rincones más bellos de la región.
Aquí nos encontraremos con ‘establecimientos vitivinícolas’ de renombre internacional y uno de ellos es el que atrae todas las atenciones: se trata del ‘Château la Canorgue’, un precioso e histórico castillo y viñedo familiar que ganara renombre por haber servido de locación para el rodaje de ‘Un buen año’, aquella famosa película de Ridley Scott (protagonizada por Russell Crowe y Marion Cotillard), adaptada del best seller 'A year in Provence', del escritor británico Peter Mayle.
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El Château la Canorgue destaca también porque es un establecimiento netamente familiar, donde Jean-Pierre Margan y su hija Nathalie son la quinta generación allí establecida. En 40has de viñas, desarrolladas en pequeñas parcelas, el Château la Canorgue produce, y esto desde hace 35 años, vinos biológicos que han sido premiados en diferentes concursos nacionales.
Realmente, tanto los propietarios del establecimiento, como sus empleados, son muy amables y si ustedes los visitan, podrán degustar sus mejores cepages y recorrer fabulosos jardines. Claro está, por una cuestión de privacidad, no es posible visitar la gran casa y otros sitios situados en sus alrededores. Sólo se visitan las oficinas de ventas y los jardines cercanos. Pero créanme que acercarse hasta allí ¡vale la pena!

Antes de partir hacia Lacoste, no deberíamos perdernos otro de los sitios más atractivos de la comarca: se trata de la Fôret des Cèdres (Bosque de Cedros), un parque de 250has de las variedades de ‘Cedros del Atlas de Alegeria’ y ‘Cedros del Líbano’, implantados aquí desde 1860 y que desde entonces no ha cesado de desarrollarse. Con senderos perfectamente señalizados (gracias a la oficina del Parque natural de Luberon) donde toda tracción a motor es prohibida, es posible caminar horas debajo de éstos gigantes que, llegados desde lejos, han sabido adaptarse perfectamente al paisaje local.

Desde los Bosques de Cedros es posible obtener unas fantásticas vistas del macizo del Luberon, sus valles y poblaciones cercanas, y sobre todo obtener unas vistas magníficas del cercano Mont Ventoux, conocido como la cumbre de la Provenza; así como gran parte de las cadenas montañosas de los Alpes de Alta Provenza, en el vecino departamento del mismo nombre.

Una vez que recobremos el aliento, descenderemos nuevamente hacia Bonnieux y enseguida observaremos otro pequeño camino departamental que nos conduce hacia Lacoste, nuestra próxima parada, también visible desde todos los rincones del valle.


Lacoste es otros de ésos bellos pueblos provenzales que ha sufrido numerosas transformaciones desde tiempos inmemoriales. En sus colinas se han hallado rastros arqueológicos de la presencia de tribus ‘galo-romanas’. Luego se han sucedido otros pueblos, entre los que destacan los ‘vaudois’, protestantes que provenían de una región del norte de Italia, que se establecieron en varios poblados locales. Durante siglos de conflictos con la corona y las poblaciones católicas, los 'vaudois' son masacrados y literalmente desaparecidos de la faz de Luberon. Sin embargo, un castillo logra sobrevivir a las masacres y sus numerosas reformas, y en el siglo XVIII pasa a manos de un tal Gaspard François de Sade, quien sería abuelo del famoso escritor libertino y filósofo francés, el divino Marqués de Sade.
Si bien el Marqués de Sade ha pasado a la historia por sus famosos escritos eróticos, deberíamos reconocer sus ideas modernistas, su profundo sentimiento inconformista y hoy podríamos catalogarlo de 'anti-establishment'.
Las ruinas del castillo de Sade, arrasado durante la Revolución, fueron utilizados para la construcción de numerosas viviendas locales…

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Curioso destino el de Lacoste y su famoso castillo: en el año 2001 Pierre Cardin, el famoso modisto francés, adquiere y restaura la histórica propiedad de la familia de Sade y decenas de casas y edificios agrupados tanto en el pueblo como en los alrededores. Según cuentan, la idea inicial del modisto fue hacer de Lacoste ‘la Saint-Tropez’ de la cultura y las artes. Para ello organiza cada año un famoso festival que atrae a numerosos artistas y espectadores; como éste festival coincide generalmente con el vecino ‘Festival Internacional de Teatro de Aviñón’, así logra atraer público y seleccionar algunas de las mejores compañías, que se suman a las otras artes presentes, como la lírica, la pintura y las esculturas.

Claro, desde Lacoste y Bonnieux podremos muy fácilmente acercarnos a otros bellos pueblos del Luberon: Roussillón-en-Provenza, Goult, Saint-Saturnin-les-Apt, Rourmarin, Menerbes, Oppede-le-Vieux, Gordes. ¡No caben dudas, estamos en presencia de algunos de los rincones más encantadores de la Provenza francesa!

Otra curiosidad de Lacoste  es que allí se encuentra una sede de la prestigiosa ‘Savannah College of Art and Design’, una famosa escuela de arte originaria de Atlanta, Georgia, Estados Unidos; siendo que sus alumnos pueden pasar algunos meses en Lacoste, realizando estudios de arte y visitando la región. Cada fin de curso lectivo, los alumnos del Savannah College, toman por asalto las callecitas del pueblo, ofreciendo sus instalaciones artísticas a todos los visitantes.

Si bien Lacoste es encantador, en cuanto a su ubicación, sus callecitas de piedras, sus casas y edificios, creo que no posee ése alma, ése estilo de vida que cuentan otras poblaciones vecinas. Es como si Lacoste fuera un pueblo-escenario donde sólo un grupo de afortunados (los alumnos del Savannah College y los amigos de Pierre Cardin) tienen el privilegio de ser ‘invitados’ y todo ello debido al elevado costo de las propiedades situadas en éste rincón de Luberon, conocido también como 'el triángulo de oro': Bonnieux, Lacoste, Roussillón.
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A escasos 2kms de Lacoste, camino a Ménerbes, se encuentra la Abadía de Saint-Hilaire, un bello ejemplo de monasterio románico del siglo XII. Aunque en su actualidad se trate de una propiedad privada, la misma se encuentra abierta al público: se destaca su sobria arquitectura románica, sus claustros (admirablemente restaurados por sus propietarios) y sus jardines, desde donde podremos obtener otra bella visión del fantástico paisaje que nos rodea.

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Quelques notes: Como colorario de éste reportaje, es interesante recordar que las actividades deportivas son numerosas en la región. Una de la más destacada es el ciclismo, con vías perfectamente adaptadas a cualquier tipo de condición; especialmente destaca la cercana 'Ruta ciclística del río Calavon', un fabuloso recorrido que continúa la traza sinuosa del río Calavan y que, en gran parte, su trazado se sitúa sobre la antigua 'Vía Domitia', uno de los caminos más famoso del Imperio romano, precisamente el que unía Italia con España y que posee en el siempre vigente 'Puente Julián', su obra de ingeniería y arquitectura más destacada.
Otros deportes que se practican son el senderismo, la escalada, las cablagatas de descubrimiento, los vuelos en parapente, en aviones biplaza y en globos aerostáticos.
Otra actividad, no tan deportiva, pero muy bien desarrollada en la región, es la visita de establecimientos vitivinícolas y la degustación de vinos. Sin olvidar los famosos 'mercados provenzales', aquí muy extendidos, con la posibilidad de visitar uno en cada pueblo y en cada rincón de éste fantástico rincón de la Provenza, llamado el Parque natural regional de Luberon. Como así de impedibles es la visita, en temporada, a los campos de lavanda y las refinerías que aún operan en la región, como lo describiera en el reportaje 'Rutas de la lavanda en Provenza'!




17 de septiembre de 2013

Un buen año en Provence!



"Vivimos en un mundo maravilloso que está lleno de belleza, encanto y aventura. No hay fin a las aventuras que podemos tener si sólo las buscamos con los ojos abiertos". Jawaharial Nehru


"Dentro de veinte años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por las que sí hiciste. Así que suelta las amarras, navega lejos del puerto seguro. Atrapa los vientos favorables en tus velas. Explora. Sueña. Descubre". Mark Twain


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Se acerca el fin del verano y es tiempo de realizar algunas reflexiones sobre la vida rural en éste precioso rincón, del sur de Francia, llamado Provence.
Estoy cumpliendo un año desde que me he instalado en ésta región y claro, no solamente ha sido una mudanza física, de una vida urbana en Paris a ésta en medio de la campiña, sino que éste cambio profundo me ha llevado a abrazar una forma de vida en contacto con los elementos de la Naturaleza, lo cual me ha provocado una profunda comunión con todos ellos.

Cada día siento un enorme agradecimiento al tener la oportunidad de vivir ésta aventura, ya que comprendo que es un don el poder elegir dónde vivir, cómo vivir, con quién vivir. Aunque puede parecernos tan sencillo, como respirar, cada vez que observo el modo de vida de tanta gente que se deja arrastrar por los convencionalismos de las familias o sociales, que no se detienen en su rutinas diarias, que no observan si se encuentran en armonía con la vida que han tomado, con las decisiones que realizan a diario, con sus gestos cotidianos, más me alejo de ése tipo de relaciones en desequilibrio emocional.
Por eso, en un mundo donde la dimensión del tiempo cobra otro sentido, donde todo es acelerado y comunicado al instante, me alegro ser parte de ése pequeño grupo de personas que se aleja cada más de ése modo de vida consumista de los valores tan alejados de los fundamentos esenciales de nosotros los Humanos.
Por lo mejor o por lo peor, asistimos al advenimiento de un mundo globalizado que modifica el ser humano en todas sus dimensiones: neuronal, sicológica, económica, social, cultural, espiritual.
 

Por ello, la elección de vida en un medio rural, nos otorga la posibilidad de realizar actos cotidianos en armonía con el entorno, en tomar conciencia del medio ambiente, en permanecer en un estado de gracia con las relaciones humanas y con el entorno paisajístico.
Ésta etapa en Provenza, me ha permitido redescubrir y aprender de la obra de tanta gente que nos muestra que existen otros caminos de vida, que es posible y se debe luchar para alejarse de ésos mensajes publicitarios con los que nos bombardean a diario. Cuando uno vive lejos de las ciudades, creo que puede tomarse el tiempo necesario para reflexionar sobre los valores importantes de nuestra existencia y sobre todo tomando las decisiones que nos pueden posicionar en ésa armonía perfecta que llamamos Naturaleza.
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Aquí me encuentro viviendo, consciente de mi existencia, consciente de todo lo que me rodea, aprendiendo que uno debe construir su propio mundo, que cuando más sencillo y cuanto más alejado del consumo, más cercano será al espíritu maravilloso con que fuimos concebidos.
Son situaciones cotidianas las que me provocan ése sentimiento: cuando uno se maravilla con cada gesto de la Naturaleza, cuando uno aprecia los cambios que se producen durante las estaciones, de la armonía perfecta de todo lo que existe, ¿cómo no convertirse en un ‘guerrero del planeta’? en un protector de ése ecosistema.
Menos consumo, más contemplación, más entendimiento en las relaciones con los otros, más protección del medio ambiente, más reflexión al actuar, más tiempo para compartir, más ejercicio físico, más silencio interior, más crecimiento interior, más sentimiento de pertenecer a un mundo en permanente mutación y que sin embargo no afecta mi propio devenir.
Es por ello que éste verano, nada me ha causado más placer que salir a recorrer, caminando o en bicicleta, los senderos, colinas, viñedos, campos de lavanda y girasoles, las tierras ocres, las grandes huertas, todo un universo de vida rural que me rodea.
Nada se compara a sentir las fragancias que, en cada rincón, las brisas me traen. Me he vuelto a conectar con ése sensación, en la piel, que produce cada rayo de sol, cada sombra, cada brisa, cada bosque.
 

Me he pasado el verano prácticamente descalzo, he dejado que mi cuerpo reconozca los cambios del medio ambiente. Me he permitido contemplar en silencio, he tratado de meditar en silencio.
Algunas veces hemos abierto las puertas de nuestro hogar a amigos y/o familiares que nos han regalado con su presencia. No siempre la convivencia ha sido armoniosa: he aprendido que no todas las personas se encuentran preparadas para alejarse de sus estilos de vida acelerados, consumistas, hiperconectados. Y claro, he aprendido a preservar nuestro pequeño mundo y me he prometido no insistir con que otros nos visiten: para muchos, los paisajes que nos rodean, la belleza armoniosa de la Provenza, son nada más que otra posibilidad de consumo. Tomar una fotografía rápida, contarle al mundo que se encuentran en Provenza, comprar recuerdos, partir, pero jamás realmente ‘haber estado’.
Alguna vez he comentado que todo el Planeta posee sitios preciosos. No existe uno sólo, de eso que llamamos ‘países’, que no posea una belleza innata, un paisaje, un entorno magistral. Sin embargo creo que, lo que diferencia unos de otros, es lo que ésos pueblos, ésas naciones, han realizado con ése legado natural que les ha tocado en suerte.
Por eso aquí en Provenza, como me parece que sucede en muchas otras regiones de Francia, mucha gente batalla cada día por preservar ésa armonía que sus ancestros han logrado, ésa perfecta combinación entre paisajes otorgados por la Naturaleza y las realizaciones humanas: pueblos medievales que cuelgan, literalmente, de las colinas. Plantaciones en armonía con el entorno, urbanizaciones no tan invasivas, preservación de cierta arquitectura rural, preservación de monumentos y edificios históricos, exaltación de la vida campestre, preservación de métodos tradicionales y culturales.
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Por todas partes se realizan festivales de culturas urbanas (como el famoso Festival de Aviñón, las Óperas en el teatro antiguo de Orange, los festivales de música en cada pueblo, en cada castillo, etc.) y/o de tradiciones y vida campestre (Festival de la Lavanda, del Melón, de la Cereza, de los Pastores trashumantes, etc).
En cada pueblo, cada mañana, podremos visitar los pequeños mercados provenzales, donde la gente de campo y los artesanos se acercan a vendernos el fruto de sus trabajos cotidianos. Es una sinfonía de colores y sabores únicos, un regalo para los sentidos.
Muchos de ésos establecimientos rurales, pequeños y no tanto, han abierto sus puertas para la visita, el alojamiento o la compra de sus productos (fincas de viñedos, granjas, etc). Claro, ésa apertura les permite completar sus ingresos mensuales, pero a su vez son una excelente oportunidad para asomarnos a ésa vida rural, muchas veces dura, pero que un puñado de audaces se esfuerza en preservar.
Si no nos interesa solamente la ‘vida contemplativa’, son infinitas las posibilidades de actividades que nos ofrecen por aquí, sobre las cuales alguna vez he comentado.
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Por último deseo compartir algunos párrafos de una obra que estoy leyendo actualmente y que viene a completar o a otorgarme otra herramienta de entendimiento sobre los caminos profundos que estoy transitando. El libro es de un filósofo/escritor francés, Frédéric Lenoir (conocido por su trabajo de estudio sobre las religiones y sobre todo es reconocido como un experto en filosofía budista), la traducción es mía, así que sepan disculpar cierta libertad de palabra al realizarla. La obra se titula “La guérison du monde” (2013 ed.Fayard), o algo así como “La sanación del mundo”:

“El proceso de sanación del mundo pasa de abordo por una crítica lúcida y argumentada de las lógicas mecánicas y mercantiles que son el origen de muchos de los desarreglos del Planeta y de las sociedades humanas. El hombre y el Planeta que lo cobija, en efecto, no son mercancías. La vida no es solamente cuantificable. La sanación del mundo pasa también por una reformulación de valores éticos universales a través de un auténtico diálogo de culturas y por una reformulación de lazos entre los seres humanos y la naturaleza, entre los hombres y las mujeres, entre los individuos y su transcendencia.”
“…el camino de la sanación pasa a través del interior de cada uno de nosotros, no solamente gracias a una conversión de nuestra mirada y a veces de nuestra forma de vida, sino que pasa por un necesario re-equilibrio entre nuestra vida activa y nuestra vida interior, entre nuestra lógica cerebral y nuestra intuición, entre nuestras polaridades femeninas y masculinas. Porque, sin una transformación de nosotros mismos, ningún cambio del mundo será posible. Sin una revolución de la consciencia de cada uno, no debemos esperar ninguna revolución global.
La modernidad ha puesto al individuo en el centro de todo. Será entonces hoy, sobre él y no sobre las instituciones y las grandes estructuras, que reposa el en juego de la sanación del mundo. Como alguna vez Gandhi muy bien lo expresara: ´Sean ustedes los cambios que desean en el mundo’. “
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Quelques Notes: Estimados amigos, una vez más me he ausentado de éste espacio. La temporada de verano se me ha pasado muy rápido y ha sido fructífera en lo personal y en cuanto a las actividades que he tenido la suerte de realizar. Continúo trabajando en un precioso y pequeño hotel, típicamente provenzal, llamado "Les Mas des Herbes Blanches", el cual pertenece a la prestigiosa y selecta organización "Relais&Chateaux". He conocido gente muy amable, llegados de algunos países del norte de Europa y muchos de los Estados Unidos. Claro, los famosos paisajes de Provenza son muy populares entre ciertas poblaciones y es eso lo que muchos vienen a buscar.
En cuanto a éste blog, que ha cumplido sus seis años en el mes de mayo, he decidido continuarlo cuando pueda, cuando mis actividades me lo permitan y, sobre todo, cuando tenga algo realmente importante y necesario para compartir! Una vez más muchas gracias a lo que se acercan a leerlo y a todos aquellos que me escriben o que me dejan mensajes en el espacio facebook del 'Gus Planet'.