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"El invierno ha llegado al llamado de alguien /
Y las miradas emigran hacia los calores conocidos /
Esta noche el viento /
arrastra sus chales de viento /
Tejed queridos pájaros míos un techo de cantos /
sobre las
avenidas /
Oíd crepitar el arco iris mojado /
Bajo el peso de
los pájaros se ha plegado /
La amargura teme a las intemperies /
Pero nos
queda un poco de ceniza del ocaso /
Golondrinas de mi pecho qué mal hacéis /
Sacudiendo siempre ese abanico vegetal" /
Fragmento de 'Invierno para
Beberlo' del poeta chileno Vicente Huidobro
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Hace unos meses recorríamos algunos de los paisajes y pueblos emblemáticos de una zona conocida como el
'Parque Natural de Luberon', en el departamento de 'Vaucluse', región de la Provence:
'Luberon, maravillosa Provence!',
'Explorando el Petit Luberon',
'El Grand Luberon: la campiña como alguna vez lo fué' .
Aquella vez descubríamos, entre magníficos valles y espléndidas colinas, todo un sistema de pequeños pueblos medievales, muchos de ellos
'suspendidos' de las colinas (
'villages perchés') y considerados entre el selecto listado de los
'Pueblos más Bellos de Francia'.
Claro, personalmente he visitado la
Provence (el sudeste de Francia), en los meses de primavera y/o verano, pero ésta vez fué la primera vez que he pasado unos días en plena temporada de invierno, durante una visita que he efectuado a la zona en la primera semana de éste mes de enero.
Qué decir entonces, que para nuestra entera satisfacción y si bien la belleza de los paisajes no nos resultaba tan
'exuberantes' como en las temporadas citadas, ésa belleza había mutado en otra, algo
'monótona' tal vez, pero siempre ofreciendo el encanto intacto que nos exhibe el invierno.
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Si algo me cautivó, enormemente, durante nuestra estadía en Luberon, fue el
'silencio' que he podido apreciar en todas partes, una naturaleza que en otras épocas del año se encuentra en su máximo esplendor, con el bullicio característico de las cigarras en las largas tardes de calor o el colorido y la sinuosidad de los campos en su apogeo de labranza, ésta vez se encontraba
'adormecida'. Donde pareciera que la vida se
'disimula', que la energía cautivante del verano ha dado lugar a las apacibles jornadas invernales, donde los colores terracotas son los que priman sobre los
'voluptuosos' verdes que le preceden.
Y reflexionaba lo privilegiado que me pueden resultar los escasos pobladores permanentes del
Luberon: ver transcurrir el devenir de las estaciones del año, magníficos paisajes que mutan de una temporada a otra, en una eterna danza que se repite desde el origen de los tiempos y, si bien algo ha cambiado, lo que la mano del hombre a diseñado, ésa amalgama de naturaleza y esfuerzo humano, continúa intacta desde siglos atrás.
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Pienso también en los amigos con los que compartimos ésta sensibilidad por la naturaleza y los pueblos, cuando ustedes nos describen con lujos de detalles y magníficas imágenes, precisamente cómo se renuevan los paisajes en sus comarcas. Aquí, permítanme decirles, también se produce ésa mutación de colores, sonidos y sensaciones que sólo parajes así nos ofrecen: acercándonos a los pueblos (
Gordes, Roussillon, Saint-Saturnin les Apt...), me maravilló sentir el aroma de las chimeneas que exhalaban desde cada hogar. Podía imaginarme la misma escena por todas partes y, si teníamos la suerte que alguna puerta o ventana repentinamente se entreabrieran a nuestro paso, era como una invitación a penetrar y compartir los sabores de la gastronomía local en ésta peculiar época del año.
Algunas callejuelas, edificios públicos y casas de pobladores locales, todavía detentaban los adornos y colores de las recientes
'fiestas navideñas', pero como todo en ésta parte del mundo, prima una sencillez y tranquilidad que nada tiene que ver con las luces y colores de los grandes centros urbanos.
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Las pequeñas capillas de estilo románico, sin embargo, nos resguardaban otro secreto: se trata de la tradición muy provenzal, de los pesebres navideños, compuestos por figuras de terracota engalanadas con trajes típicos de la región. Resaltando las tradiciones locales y sumergiéndonos por un instante, entre la magia de las costumbres religiosas cristianas del nacimiento del Niño Jesús y los quehaceres de la gente local. Allí observamos a los labriegos del campo, a los viticultores, a los pastores, a las mujeres engalanadas con los trajes provenzales del siglo XIX, todas las profesiones representadas, como resaltando el carácter campestre y cristiano que aún persiste por aquí.
Debemos comentar que muchas, muchísimas, de las espléndidas casas y masías que se observan en los diferentes caminos del
'Parque Natural Regional de Luberon', se encuentran totalmente vacías, ya que sus propietarios suelen ser extranjeros o franceses de la capital, con un pasar bien acomodado, que sólo vienen por aquí algunas semanas al año.
¿Y quiénes son ése puñado de extranjeros que eligen ésta zona del sur de
Francia para poseer sus residencias secundarias?
Según nos cuentan y hemos observado en verano, se trata sobre todo de algunas familias acaudaladas de los Estados Unidos o del Reino Unido, atraídos por ése fenómeno literario que hemos comentado alguna vez: un par de obras del escritor
'Peter Mayle', el autor de (
entre otras obras) 'Un buen año' y 'Un año en Provence' y que ha sido enormemente popularizado a través de la película homónima (
'A good year') del realizador Ridley Scott, protagonizada por Russel Crowe y una casi debutante Marion Cotillard.
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Es increíble observar cómo un fenómeno literario puede generar tanto movimiento en una zona particular y muy a pesar que por ello las posibilidades inmobiliarias son escasas y a precios exorbitantes. Sin embargo, lo que me continúa atrayendo, es la férrea protección sobre el paisaje natural que se continúa ejerciendo en el 'Parque Natural Regional de Luberon': resulta casi imposible encontrar nuevas construcciones, aquí no existen ésas horribles urbanizaciones que tanto mal han causado en otros paisajes protegidos.
Se trata, precisamente, de proteger al máximo las costumbres, las construcciones ancestrales, los monumentos y un estilo de vida 'a la provenzal' invitándonos a soñar que, en el corazón de la Vieja Europa, todavía subsisten sitios no tan contaminados, algo alejados de las luces y reflejos del estridente mundo moderno.
Como hemos comentado en reportes precedentes, el 'Monte Ventoux' (ver 'En el Mont Ventoux, la cumbre de la Provence!') continúa reinando sobre el 'Parque Natural del Luberon', mítico vigilante de las planicies que, con su cima eternamente blanca es visible desde todos los rincones del 'Valle Cerrado' ('Vaucluse'), como un centinela que guía a los viajeros que sueñan con su presencia (curioso fenómeno el de la 'cima blanca',que no se debe siempre a la presencia de nieve: se trata de un sistema de rocas que poseen ése color tan característico, blanco inmaculado, que se ve doblegado en los meses invernales, ésta vez sí por la presencia de nieve, permitiendo el surgimiento de un pequeño y llamativo centro invernal donde es posible esquiar!).
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Para finalizar nuestro recorrido, ésta vez de regreso a París, hemos tomado otra ruta departamental: se trata de un rincón al norte del departamento de 'Vaucluse' que 'penetra' en el departamento vecino de la 'Drôme' y que muchos conocen como 'Enclave de los Papas', cantón de 'Valréas' o 'Drôme Provençale'.
Para situarnos aquí, geográfica e históricamente, deberíamos remontarnos al siglo XIV: originariamente el pueblo de Valréas fué propiedad de varios señores feudales, siendo que en 1317 cae bajo la autoridad de los Papas que tomaron Avignon como sede de su pontificado 'disidente'. Éste condado fué 'pontificio' durante los cuatro siglos siguientes, siendo anexado al departamento de Vaucluse, y por ende al resto de Francia, durante la Revolución: se trata, evidentemente, del mismo conglomerado de pequeños pueblos medievales, 'encerrados' entre colinas y valles, rodeados de espléndidos campos de lavanda, viñedos, olivares, algunos de los cuales resguardan grandes tesoros.
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'Saint-Paul-Trois-Chateaux', 'La Garde-Adhémar', 'Grignan', como así también un poco más al norte, 'Nyons', 'Mirabel-aux-Baronnies', 'Piégon', y 'Buis-les-Baronnies', constituyen algunos de los encantadores pueblos que podremos encontrar en el 'Drôme Provençale', zona situada entre el 'Mont Ventoux', el 'Valle d'Eygues' y los 'Pre-Alpes'... pero ése, es un recorrido que merita ser descripto detalladamente en otra ocasión!
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Quelques Notes: Como toda zona agrícola que se precie, tanto el
'Parque Natural Regional de Luberon', como la región de la
'Drôme Provençale', se benefician de un territorio rico en historia y geofrafía, permitiendo el desarrollo de una agricultura esencialmente
'bio' que responde a todos los sabores y tradiciones de los 'mejores productos del terruño' ('produits de terroir').
Así, muchos de los productos que se elaboran en ésta preciosa zona, son reconocidos con la insignia de una 'IGP', es decir, una
'Indicación Geográfica Protegida', y los mejores de entre ellos presentan una insignia 'AOC', una
'Aplicación de Origen Controlado', lo cual nos garanbtiza la procedencia y calidad de éstos nobles productos del terruño. En la zona del 'Drôme Provençale' es llamativo observar los viñedos denominados
'Côtes du Rhône', una de las zonas vitivinícolas más reconocidas de Francia, cercanas al famoso 'Valle del Río Ródano'. Entre algunas de éstas variedades, nos encontraremos con AOC 'Grignan-les-Adhémar', 'Coteaux des Baronnies', 'Vin de la Valdeaine' y de 'Comté de Grignan', en sus tonalidades
rouge, blanc y rosé. Otra curiosidad que podremos encontrar por aquí es la
'truffe noir' o 'diamante negro'. Se trata de una variedad de trufa muy apreciada, donde el 60% de la producción del país proviene de la localidad de 'Tricastin', aunque es tan rara su producción que, según nos cuentan en el 'Mercado de Trufas de Triscastin', su producción masiva nunca es asegurada de un año a otro!
Para terminar con ésta breve reseña de los 'Productos del Terruño', en una visita a la región sabremos apreciar las
olivas que se cosechan a mano y el
aceite de oliva local, que se continúa elaborando con métodos artesanales y ancestrales. La
miel y sus productos derivados en sus variedades de 'lavanda', 'acacias', 'castaña', 'romarin', etc. Los
'turrones' o 'nougat' de Montélimar, elaborados en la zona desde el siglo XVII, así como los
quesos de cabra denominados AOC 'Picodon'. Las
frutas de estación (elaboración de mermeladas) y por supuesto, todos los derivados de la '
lavanda', la planta perfumada que desde siglos constituye la atracción principal de éste rincón tan particular de la Provenza...