"Ser cosmopolita no significa ser indiferente a un país y ser sensible a otros. Significa la generosa ambición de ser sensibles a todos los países y todas las épocas. El deseo de eternidad, el deseo de ser muchos" JORGE LUIS BORGES

9 de junio de 2008

El Turismo y la "masa"

De más es contarles, que Paris es una de las ciudades más visitadas del mundo entero, y creo que algunas estadísticas la señalan , como la ciudad “más visitada de todas”.

He escrito aqui sobre el valor que significa que la humanidad podamos seguir soñando, y que para millones de personas visitar la Torre Eiffel sigue siendo un gran sueño, algo a alcanzar, “aunque sea una vez en ésta vida”. Me siento un gran afortunado por estar aqui, y ver éste precioso monumento cada dia de mi vida, de tenerlo al alcance de mis manos y de poder contemplar varios atardeceres frente a su magnifica figura. Y soy muy conciente tambien el hecho que hay gente que ahorra toda su vida para poder visitar la Torre Eiffel, o las Pirámides de Egipto, o los Glaciares en la Patagonia Argentina, o las pagodas doradas de Tailandia o tal vez el Thaj Majal en la India, la mezquita Azul en Estanbul o por que no ? la Estatua de la Libertad en New York City. Pero también debemos reconocer, que la “popularidad” que ha traido el poder viajar alrededor del planeta ( para la gente que lo puede hacer, aclaremos), sobre todo aqui en Europa con las companias aéreas de bajo coste, ha traído con ella la oportunidad del ser humano de comprobar una vez más la idiotez que nos embarga cuando viajamos en “masa”. En todos nuestros países podemos comprobarlo, tal vez a ti te ha tocado de cerca si vives en algún sitio tan turístico como el mio, pero es otra epidemia grande de la globalización y ojalá encontráramos maneras de “educar al rebaño”, sobre todo en vias de preservación de monumentos y parques naturales y tambien formas locales y muchas veces muy ancestrales de vida, que se ven sorprendidas por estas greyes enfurecidas. El escritor-novelista español Javier Marías, en su columna de la revista dominical “El País Semanal” del diario El País de España, ha publicado un muy buen comentario al respecto, del cual algunos párrafos me gustaria compartir:
“(...) y aprendí los más raros atajos para evitar las calles por las que era imposible transitar, abarrotadas de rebaños turísticos de gran torpeza, lentitud y vociferación. En aquella época me llamaba la atención que Venecia parecía ser la única ciudad del mundo en la que los visitantes no se comportaban como solían hacerlo en las demás que yo conocía, a saber, más o menos con el mismo respeto que uno observa cuando está de visita en casa ajena.
En la propia uno pone los pies donde le place, desordena cuanto quiere, se tumba en el sofá o en el suelo –tengo mucha querencia por el suelo–, maneja el tocadiscos y la televisión a su antojo. Cosas todas más o menos normales que sin embargo jamás haría en casa de otro. (Bueno, con la excepción del ex-Presidente Aznar, que ya sabemos lo grosero que es cuando visita a sus amigos).
Los forasteros que pisaban Venecia tomaban la ciudad al asalto, como si allí no viviera nadie y fuera una especie de parque temático a disposición de ellos, con la agravante de que ni siquiera habían pagado una entrada que les diera la sensación de algún “derecho adquirido” (…)
Refiriéndose a los años que pasó en la ciudad eterna de los canales. Me senti identificado cuando comenta “En aquella época me llamaba la atención que Venecia parecía ser la única ciudad del mundo en la que los visitantes no se comportaban como solían hacerlo en las demás que yo conocía, a saber, más o menos con el mismo respeto que uno observa cuando está de visita en casa ajena” y no porque me sienta una “persona mayor” al que con los años y sus frustaciones, todo le molesta ( no es mi caso y mucho menos el de Javier Marías), pero si como habitante de este planeta, como Ciudadano del Mundo, que considera el respeto al prójimo una consideración inherente a los espiritus y personalidades más elevadas. Recuerdo hace años, en San Martin de los Andes, el encantador pueblo cordillerano donde pasé mi infancia, hubo una polémica nacional al imponer el Consejo Deliberante, normas y sanciones para los grupos de estudiantes que deseaban acceder a visitar el pueblo y/o esquiar en el Cerro Chapelco. Claro, la polémica devino no por los propios habitantes del pueblo, que sufrian a las hordas de chicos citadinos desatados en banda dañar parte del patrimonio ecológico tan fragil y caro a sus habitantes. No, la polémica vino desde otras partes del país, siempre deseosas de opinar cuando las libertades son avasalladas, pero nunca se ponen en lugar de los legitimos habitantes locales. La gente de San Martin de los Andes, a través de sus legisladores, simplemente querian evitar, y lo lograron, que se convirtiera en una nueva “Bariloche”, que para los grupos argentinos de estudiantes, es lo mismo que Cancún para sus pares norteamericanos o Ibiza para los ingleses y alemanes. Luego Javier Marias prosigue”
“(…) “Es lo malo de tener una ciudad tan maravillosa: todo el mundo se considera no sólo con derecho a verla, sino a hacer uso de ella sin tener en cuenta a sus habitantes. Como si éstos no existieran ni tuvieran quehaceres, como si no necesitaran silencio, como si el lugar fuera sólo un escenario, un decorado desierto en el que cada turista puede actuar como le venga en gana”(…)
(…)No hace falta añadir que casi todas estas greyes no desean ver nada, están sólo preocupadas de hacerse fotos estúpidas con sus estúpidos móviles para luego poder decir la más estúpida frase de nuestros tiempos: “Yo estuve allí”. Ahora hay incluso un programa de televisión así titulado, que debe de ser el más estúpido de todos, porque a esa frase sólo cabe contestar: “¿Y? ¿Y qué, que usted estuviera allí? Eso no tiene ninguna importancia ni a usted se la agrega en absoluto. Estar hoy en cualquier parte está al alcance del más cenutrio. Viajar a los lugares ‘imprescindibles’ no distingue, sino que vulgariza”(…)
Bueno, que más podría agregar a dichas palabras ? que también me considero cercano a sus expresiones, y ésto sin ánimo alguno de parecer elitista o reaccionario, es tan sólo una forma más, militante quizás, de separarnos de la masa, del rebaño, de bendecir la oportunidad que se nos brinda al visitar sitios únicos, muchas veces sagrados de la humanidad, y tratar de tener una mirada mas humana y no tan mercantilista sobre todo lo que nos rodea. Envidio a los amigos que viajan sin cámaras de fotos, que retienen todo en su memoria. Necesito sacar fotos, disfrutar otra vez del viaje viéndolas en casa y compartiéndolas con los más cercanos. También me siento bien cuando obtengo alguna imagen que gusta a los demás, disfruto el compartir esas imágenes como complemento al relato de mis aventuras. Pero lo que no logro hacer, es obtener “retratos” de los habitantes de los pueblos que visito, me averguenza, siento que les “robo” el alma. Demasiado que invado su espacio físico, como para tambien invadir su intimidad. Por último, rescato de Javier Marías cuando expresa:
“(…) Pero ocurre algo parecido en casi todas partes. Nadie se comporta ya como “visita” en Londres ni en París, en Budapest ni en Edimburgo, en Salamanca, Toledo, Sevilla o Granada. Todas son meros escenarios, decorados para el disfrute de los forasteros, a los que importa una higa el padecimiento de los habitantes.
Sólo cabe ir a lugares que aún no sean turísticos, aunque eso está cada vez más difícil por culpa de suplementos como este o El Viajero del mismo diario, que no dejan piedra sin levantar y que van haciendo caer en manos de las hordas, uno por uno, todos los rincones agradables del globo (…)”
Considero que aún me queda mucho por recorrer, siempre comento “no me alcanzará ésta vida para transitar nuestro increible Planeta Azul”. Pero si me siento una vez mas bendecido, por comenzar a viajar cuando me consideré lo suficientemente “maduro”, para disfrutar de cada encuentro, de cada atardercer, de cada conversación con alguien local. Lo suficientemente maduro para respetar mi entorno, para bendecir este planeta, para no cometer los mismos horrores que veo en muchos “turistas” ocacionales, y tambien por sentirme un “viajero”, que es diferente. El turista es quien muy bien describe Javier Marías, el viajero es alguien que se deslumbra por todo lo que ve, el que aprende, el que pregunta y se siente curioso como un niño. Pero sobre todo, viajero es aquel que jamás regresa de la misma manera que partió. Porque sabe que cada encuentro es único e irrepetible y porque sabe que el solo hecho de estar ahi, ya de por si, es una bendición. Amén!

El relato completo de Javier Marías?

2 comentarios:

Maxi dijo...

Gus:
Saque tu direccion de blog de un comentario tuyo en el diario critica en la seccion de argentinos en el mundo...
Mi nombre es Maxi, tengo 31 años y muchas ganas de romper mi rutina. Intento ser protagonista de mi vida y "hacer que las cosas ocurran".
Me hiciste viajar con tu blog... necesito ser nomade y como vos decis: "ser ciudadano del mundo".
Que lindo paris. Estuve alli visitando a mi hermano. Espero poder ir con mi novia en poco tiempo.
Gracias por tu sensibilidad y por compartir tus experiencias!!!
Saludos Maxi!
tiwanacote@yahoo.com.ar

Gus dijo...

Hola Maxi! Muchas Gracias a vos, y sinceramente me honrra tu presencia por aqui ...

Mirá: viajar es (desde mi punto de vista) una de las mejores experiencias que la vida nos puede ofrecer.

Y si además lo hacemos con un sentido amplio y sensibles al extraordinario mundo que nos rodea, seguro que estaremos cruzando barreras ... pero las barreras más importantes que estaremos cruzando son las propias y eso no tiene precio y no tiene vuelta atrás.

Abrazo para vos y tu gente desde la Ciudad Luz!