"Ser cosmopolita no significa ser indiferente a un país y ser sensible a otros. Significa la generosa ambición de ser sensibles a todos los países y todas las épocas. El deseo de eternidad, el deseo de ser muchos" JORGE LUIS BORGES

7 de octubre de 2008

Cortázar y el Cementerio de Montparnasse

Tengo la misma curiosidad por los cementerios antiguos, que la que tengo en templos religiosos: me atrae la arquitectura y las historias que esos lugares nos pueden contar. No se preocupen, no tengo nada que resolver con la ‘necrofilia’, es simple curiosidad de amante de las historias en vida de los personajes que los pueblan, y el fabuloso diseño que muchas de esas tumbas denotan. Aqui en Paris tenemos dos de éstos ‘fascinantes’ lugares, como les describí antes, uno de ellos es el mundialmente famoso Cementerio de Père-Lachaise en el 19eme. arrodissement de Paris, otro es el Cementerio de Montmartre y el no menos famoso Cementerio de Montparnasse en el barrio del mismo nombre. He leido ciertos comentarios describiendo lo ‘turístico’ que se han convertido éstos sitios, debido a la cantidad de gente ‘ilustrada’ o ‘famosa’ que en ellos reposan. Y si bien es cierto que mucha gente acude a ellos, por la atracción que éstos personajes ejercen, muchos también acuden porque los cementerios de Paris son sitios sumamente bien parquizados y detentan zonas con asientos para la lectura o la meditación tranquila. Bien pueden ser un refugio lejos del trajinar apurado de los extramuros.
El Cementerio de Montparnasse fué creado en 1824, a partir de terrenos de tres granjas que existian sobre el lugar, ocupando actualmente unas 19 hectáreas.

Algunas de las tantas ‘celebridades’ que descansan en éste sitio particular son: Serge Gainsbuourg, uno de los más famosos y recordados cantantes franceses. Auguste Bartholdi (escultor), Samuel Beckett, Gyula Brassaï (fotógrafo), André Citroën (industrial), Porfirio Díaz ( presidente mexicano), Marguerite Duras (escritora), César Vallejo (poeta peruano), Jean-Paul Sartre, Cesar (escultor), Guy de Maupassant, Man Ray, Pierre Larousse ( editor, si, el de los diccionarios), Eugène Ionesco, Simone de Beauvoir, Antoine Bourdelle (escultor), entre muchos otros.
En medio de ésta ‘insignie’ companía se encuentra el escritor argentino Julio Cortázar, quien viviera en Paris por cerca de 33 años, y que falleciera aqui, víctima de leucemia el 12 de febrero de 1984. Desde sus clases como profesor en colegios del interior de la Argentina, pasando por su experiencia en algunos otros de Buenos Aires, sus primeras publicaciones en el país y su posterior ‘autoexilio’ en Paris, a partir de 1951. Su militarismo a favor de las causas latinoamericanas de los ’70 , su no conformidad con los cánones literarios establecidos y su vida lejos de todo ‘ruido’ que puede devenir al ser un escritor tan afamado como lo fué en su época.
Según nos cuenta el escritor Manuel Vincent en su excelente nota ’Con el sonido y la libertad del jazz’ , aparecida en el diario ‘El País’ de España:
“Tenía las piernas demasiado largas para ser ciclista, pero se paseaba por París montado en una bicicleta que había bautizado con el nombre de Aleluya, por aquel París que de buena mañana, con las calles recién regadas, olía a croasán y a pan caliente.
Vivía como un estudiante y no era un estudiante; daba la sensación de estar exiliado y no era un exiliado; queda por saber si Julio Cortázar era realmente argentino y no un ser desarraigado, que había convertido la literatura fantástica, el jazz, la pintura de vanguardia, el boxeo y el cine negro en su única patria y París en una metáfora, en una cartografía íntima. Si ser argentino consiste en estar triste y en estar lejos, Julio Cortázar hizo de su parte todo lo posible por responder a ese modelo, que cada lector podía armar y desarmar a su manera.
Había nacido en Bruselas, en 1914, hijo de madre francesa y de un diplomático argentino, agregado comercial de la embajada de su país en Bélgica, que los abandonó al poco tiempo. Pasó la infancia en Banfield, una barriada al sur de la capital porteña, y en la adolescencia una enfermedad le permitió comerse mil libros; luego se graduó de maestro y fue profesor en la universidad de Cuyo, en Mendoza, pero su espíritu refinado acabó por chocar contra lo más grasiento del peronismo. Hubo otros enredos.

Por la pasión con una de sus alumnas, Nelly Martín, aquellos burgueses de provincias lo aislaron con un cordón sanitario, y el hecho de que un día se negara en público a besar el anillo del nuncio Serafini acabó por convertirlo en un proscrito. Estaba ya listo para decir adiós a todo aquello. El joven Cortázar conoció a la traductora Aurora Bernárdez, hija de emigrantes gallegos, que sería su primera mujer; en 1951 consiguió una beca del gobierno francés y con ese pretexto se instaló definitivamente en París. Ya había escrito Bestiario, el primer libro de cuentos, ponderado por Borges, que se convertiría en el germen de su fama. Realmente, se sentía muy lejos. Podías imaginarlo sentado en la terraza de cualquier café del Barrio Latino midiendo con la mente la distancia que lo separaba de Buenos Aires, mientras escribía Rayuela, su obra maestra, sin ahorrarse un gramo de melancolía. Tal vez por allí cruzaban los grandes del jazz, de paso por París, que después de una noche de gloria en la sala Pleyel volvían a llenar el depósito de whisky en el mercadillo callejero de la rue de Seine, antes de irse a la cama en el hotel La Louisiane, donde se hospedaban. En esa calle empieza la acción de Rayuela, por allí va Oliveira hasta el arco del Quai de Conti para encontrarse con la Maga. En ese hotel vivieron Sartre y Simone de Beauvoir. Y también Albert Camus y Juliette Greco. Ahora, en su angosto ascensor, unas chicas molonas que soñaban con ser modelos de Yves Saint Laurent se entreveraban con Miles Davis y Charlie Parker, uno con la trompeta y otro con el saxo a cuestas. Amar a Cortázar fue el oficio obligado de toda una generación. En él se reconoció una tribu, que a mitad de los años sesenta había descubierto con sorpresa que en castellano también se podía escribir con la misma libertad con que suena del jazz, rompiendo el principio de causalidad, o de la manera con que Duchamp cambiaba de sitio los objetos cotidianos y los colocaba en un lugar imprevisto para que una mirada nueva los convirtiera en arte. Un argentino con acento francés que arrastraba guturalmente las erres podía ser muy seductor, y si encima usaba gafas de carey negro como Roger Vadim sin necesitarlas, y aún tenía la cara de joven universitario de la Sorbona a los 50 años y el jersey de cuello vuelto le hacía juego con el mechón de pelo que le sombreaba la frente y aparecía en las fotos tocando la trompeta y se comportaba con una ética personal coherente con lo que escribía, no es extraño que produjera estragos entre los lectores libres e imaginativos de entonces.
No había ninguna chica que, después de leer Rayuela, no soñara con ser la Maga.
Cuando en 1981 Mitterrand le concedió la nacionalidad francesa, en una pared de Buenos Aires apareció esta pintada: "Volvé, Julio, qué te cuesta". Cortázar volvió a Buenos Aires para visitar a su madre muy enferma y se le vio vagar por el aeropuerto de Ezeiza como un extraño, sin que nadie hubiera acudido a recibirle. Nunca fue aceptado por ninguna autoridad establecida. Hoy, en el barrio de Palermo de Buenos Aires hay una plazoleta con su nombre, de la que arranca la calle dedicada a Jorge Luis Borges y muy cerca se alarga un paredón donde en la oscuridad se sacrifican los travestis. Conoció otros amores. La lituana Unge Karvelis forzó su divorcio con Aurora y lo concienció políticamente, y a partir de entonces hubo el otro Cortázar: el que bajó de la torre de marfil al barro para comprometerse con las causas perdidas, el que firmaba manifiestos, presidía tribunales contra las tiranías de Videla y de Pinochet, el que amaba a Salvador Allende y el sandinismo de Nicaragua; esta actitud militante, unida a su estética de vanguardia, fue una mezcla explosiva para sus lectores de izquierdas, pero acabó por distanciarlo de algunos viejos amigos y colegas latinoamericanos que antepusieron su ideología a su admiración. Luego su pasión por Carol Dunlop le hizo cabalgar en otros viajes, uno de los cuales fue el que los llevó al más allá. Carol partió primero a causa de la leucemia y dos años después esta misma enfermedad acabó también con el escritor. A medida que envejecía su rostro lampiño iba recobrando las facciones de un niño, con sus mismas piernas interminables. Murió el 12 de febrero de 1984 en el hospital de St Lázare y la gallega Aurora Bernárdez, que había vuelto a su lado, lo acompañó hasta el final durmiendo en una colchoneta en el suelo. Cortázar está enterrado en la misma tumba de Carol, en el cementerio de Montparnasse, y sus fieles, cuando la visitan, cumplen con el rito de dejar sobre la nubecilla grabada en la losa un vaso de vino y un papel con el dibujo de una rayuela, ese juego de los niños en la calle. Sin premios, ni medallas, ni academias, ni ropones severos, se fue al otro mundo sólo con la pasión de sus lectores. En Cortázar amábamos lo que París tenía de libertad y a toda una lista de amores, personajes y lugares secretos, que uno podía confeccionar en un minuto, y también a todas las chicas que pasaban en bicicleta, con la baguette y un libro en la cestilla del manillar y que podían ser la Maga.”

(Fotografias Gustavo Soto Price copy.2008)

5 comentarios:

JP dijo...

Realmente disfruté este post.
Hace algunos años , en una casa de estudiantes en Córdoba ( vivíamos 6 en esa casa) , en la sala había un retrato de Julio Cortázar, ese retrato que me acompañaba a lo mejor en una noche en que me quedaba estudidando para algún exámen , ý él estaba ahí .
Era un cuadro grande en Blanco y negro . A partir de ahí me empecé a interesar por Cortázar .
No sabía que estaba sepultado en ese cementerio .

Gus dijo...

Hola JP: me recuerdas que tambien tuve la experiencia de vivir ( en mi caso en Villa Urquiza, Buenos Aires)en una casa con cuatro amigos.

Eramos cuatro 'fijos' y 'montones mas' que se quedaban a dormir. Fue una hermosa experiencia y tambien en esa magica casa re-descubri a Cortazar y libro de fotos que senalo.

'El Paris de Rayuela' me ayudo a sonar con la vida que llevo ahora ...

Un gran abrazo amigo!

Anónimo dijo...

hola gus!! soy argentina porteña criada en san martin de ls andes y encontre tu pagina de casualidad por que estaba buscando info de paris ya que voy en febrero. me ENCANTARON las fotos del cementerio yo estuve viviendo en europa en el 2003 y ahora vivo en panama y cada vez que voy a un nuevo lugar me meto en los cementerios simplemente por curiosidad y la arquitectura, dice tanto de los lugares!!! segui sacando fotos asi las disfruto !! hermosos blogg.

Anónimo dijo...

by the way.. me llamo Elizabeth no lo puse antes

Gus dijo...

Hola Elizabeth! Que casualidad, tambien soy porteno y me crie (los mejores anos de mi vida) en San Martin de los Andes (mi madre nacio alli).

Hice la primaria en la escuela 5!
Asi que Bienvenida al 'Mundo segun Gus', creo que tienes varios post sobre Paris y ojalas encuentres aqui cosas insolitas y otra mirada sobre la 'Ciudad Luz'.

Te espero seguido por aqui!

A Bientot!