"Ser cosmopolita no significa ser indiferente a un país y ser sensible a otros. Significa la generosa ambición de ser sensibles a todos los países y todas las épocas. El deseo de eternidad, el deseo de ser muchos" JORGE LUIS BORGES

26 de febrero de 2009

El fascinante Museo 'Guimet' de Arte Asiático

“Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal. He notado que, pese a las religiones, esa convicción es rarísima. Israelitas, cristianos y musulmanes profesan la inmortalidad, pero la veneración que tributan al primer siglo prueba que sólo creen en él, ya que destinan todos los demás, en número infinito, a premiarlo o castigarlo.

Más razonable me parece la rueda de ciertas religiones del Indostán; en esa rueda, que no tiene principio ni fin, cada vida es efecto de la anterior y engendra la siguiente, pero ninguna determina el conjunto... Adoctrinada por un ejercicio de siglos, la república de hombres inmortales había logrado la perfección de la tolerancia y casi con desdén. Sabía que en un plazo infinito le ocurren a todo hombre todas las cosas. Por sus pasadas o futuras virtudes, todo hombre es acreedor a toda bondad, pero también a toda traición, por sus infamias del pasado o del porvenir. Así como en los juegos de azar las cifras pares y las cifras impares tienden al equilibrio, así también se anulan y se corrigen el ingenio y la estolidez, y acaso el rústico poema del Cid es el contrapeso exigido por un solo epíteto de las Églogas o por una sentencia de Heráclito.

El pensamiento más fugaz obedece a un dibujo invisible y puede coronar, o inaugurar, una forma secreta. Sé de quienes obraban el mal para que en los siglos futuros resultara el bien, o hubiera resultado en los ya pretéritos... Encarados así, todos nuestros actos son justos, pero también son indiferentes. No hay méritos morales o intelectuales. Homero compuso la Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, la Odisea. Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres. Como Cornelio Agrippa, soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy.”

Jorge Luis Borges “El Inmortal”

Este extracto del cuento del maestro Borges, ‘El Inmortal‘, vino a mi memoria, cuando visité por primera vez el fabuloso Museo Nacional de Arte Asiático ‘Guimet’, situado en el XVI arrondissement de Paris.
Llevado por la curiosidad que me deparó observar un poster que promociona la actual exposición temporaria del referido museo: “Dvaravati, el surgimiento del budismo en Tailandia”.
Esta civilización, que floreció en la actual Tailandia, es una de las civilizaciones más antiguas de las que se tenga memoria en la región y fue la introductoria del budismo hindú en éste territorio (budismo proveniente de la India). Por primera vez en Francia, la unificación de doce museos nacionales tailandeses, han hecho posible que hoy podamos disfrutar de ésta, a todas luces, magnífica colección.
Pero internarse en éste museo, es permitir trasladarnos inmediatamente centurias atrás, cuando florecieron, se desarrollaron y desaparecieron civilizaciones, entre las que se encuentran algunas de las más brillantes y antiguas de la Humanidad.
Estoy seguro que si Jorge Luis Borges visitara ésta colección, le hubiera servido de inspiración para sus fabulosos relatos sobre la inmortalidad ( y hubiera amado su 'biblioteca circular!).
Porque ¿qué son sino éstos objetos orientales? Inmortalizan en sus facetas y texturas, el tesmimonio de pueblos antiquísimos, que desarrollaron una exquisita forma de expresar su arte y que a través de milenios, pudieron ejercer su propio destino.
Arte y religión se encuentran y se acompañan a lo largo de la visita, y no puedes quedarte más que asombrado y fascinado por lo que frente a tus ojos se muestra. Formado como colección privada del rico industrial de origen lyonés, Emile Guimet (1836-1918), el museo de arte asiático abrió sus puertas en 1889 y estaba originariamente dedicado a la historia de las religiones, luego museo de las artes de Indochina, Corea y Japón, para posteriormente reabrirse como ‘Museo Nacional de las Artes Asiáticas’.
Completamente renovado en 2001, (las obras duraron cinco años), permitiendo crear un sitio más acorde con los fundamentos de las exhibiciones modernas y sobre todo permitió que miles de los objetos presentados (se calcula que suman 3500 de los 45000 objetos almacenados) vieran la luz por primera vez de una manera destacada.
Como muchos de éstos museos, sus fabulosas colecciones se han sumado gracias a las ‘campañas’ de descubrimiento que el Imperio Francés llevaba a cabo a medida que conquistaba y colonizaba grandes regiones del planeta. Así, el sudeste asiático no se privó de contar con un ‘protectorado francés’ en sus territorios, y muchos de aquellos diplomáticos y ricos mercaderes que tuvieron la posibilidad de viajar a la región, tuvieron acceso por primera vez al arte y legado de civilizaciones desaparecidas para siempre de la faz de la tierra.
Ese legado, pronto comenzó a ser ‘trasladado’ a la metrópoli, para conformar las vastas colecciones privadas de las clases más altas de Paris. Objetos que muchas veces fueron substraídos directamente de palacios en medio de guerras civiles y cuando la población local no contaba con el pensamiento de salvaguardar su propio patrimonio.
Hoy, el Museo Guimet es considerado uno de los mejores en todo Occidente en cuanto a arte asiático se refiere, y son las propias empresas y gobiernos de países como Vietnam, Laos, Tailandia, Indonesia, Nepal, Tibet, China, Corea, Japón, Afganistán y Pakistán, quienes auspician sus exhibiciones temporarias y permanentes, pues sienten que, desde Paris, es una forma de proyectar su cultura hacia Occidente.
Así es como podemos encontrar esculturas, muebles, tapices, objetos decorativos, alfombras, objetos religiosos, lacas, estelas funerarias, cerámicas y dibujos que abarcan un vasto periodo desde el siglo XVIII AC hasta el siglo XVIII de nuestra era.
Destacan profundamente los objetos provenientes del Tíbet y Nepal, con representaciones del Buda, el ’Bienaventurado’ en varias facetas y posiciones, quedé particularmente impresionado con un tapiz que relata la vida de Buda, desde su nacimiento, hasta su primera re-encarnación.
Otra faceta muestra los objetos de las diferentes culturas que florecieron a lo largo de una de las rurtas más fabulosas que la historia de la Humanidad recuerde, me refiero a la ‘Ruta de la Seda’, que cubría, desde la actual Pekín travesando Asia Central, hasta las mismas puertas de Constantinopla o Alejandría, una de las más grandes epopeyas que durante milenios formaba parte del comercio entre esas civilizaciones.
Por ejemplo, en el pabellón dedicado a ‘Paquistán-Afganistán (Gandhara)’, sabremos que al terminar su misión en la frontera indo-afgana, de donde trae unos cien objetos de Gandhara (s.I-III) expuestas en el Louvre desde 1900, Alfred Foucher funda, en 1922 y a petición del rey de Afganistán, la Delegación Arqueológica francesa en ese país. Hadda (excavaciones de J.Hackin, 1937-1939), con sus marfiles indios y sus copas de Alejandría, sus bronces grecorromanos y sus lacas chinas de la dinastía Han, constituye la prueba del comercio internacional que floreció bajo la dinastía Kuchan (s.I-III).
También el arte principesco de la India mongola, de los sultanatos de Deccan y de los reinados Rajput de Rajasthan y de Punjab, desde la segunda mitad del s. XVI hasta el s.XIX, se refleja en los motivos textiles, la ropa, las armas, los objetos decorativos y las joyas expuestas en la galería Jean y Krishna Riboud, a los que se suma un conjunto de miniaturas presentadas en la rotonda de la antigua biblioteca.
A lo largo de todo el año se ofrecen diferentes conferencias, talleres y actividades culturales, es posible asociarse como ‘miembro activo’ del Museo y tener acceso a los diferentes programas y conciertos que se desarrollan. Documentales, espectáculos musicales, danzas, son otros de los numerosos eventos de la cartelera local.
Relamente el Museo Guimet, constituye una valiosísima aproximación al arte de éstas civilizaciones tan refinadas que han florecido en esa región tan particular y fascinante del planeta como es el continente asiático, y constituyen una valereda forma de apreciar el arte que ha inspirado una figura tan abarcadora como lo es Buda.
Coincido con Borges cuando escribió: “…Más razonable me parece la rueda de ciertas religiones del Indostán; en esa rueda, que no tiene principio ni fin, cada vida es efecto de la anterior y engendra la siguiente, pero ninguna determina el conjunto... Adoctrinada por un ejercicio de siglos, la república de hombres inmortales había logrado la perfección de la tolerancia y casi con desdén. Sabía que en un plazo infinito le ocurren a todo hombre todas las cosas….”
Precisamente, ésas ‘ruedas que no tienen principio ni fin’, constituyen parte destacada de la exhibición sobre el budismo en Tailandia: IMPERDIBLE !
Museo Nacional de Arte Asiático 'Guimet' 6, place d'Iéna 75116 Paris Metro: Iéna RER: Pont de l'Alma Entrada+Exposición $8.50
(fotografía 'Rueda de Dvaravati' Thierry Ollivier/Musee Guimet)

6 comentarios:

Ani dijo...

Qué impresionante, no deja de sorprenderme la cantidad de lugares increíbles que existen en París!!

Gus dijo...

Si, demasiado para una sola ciudad, no? pero Paris es Paris, y como capital del enorme imperio que fué, sigue albergando a medio planeta en sus entrañas ...

Lucía Duque dijo...

cierto... es increíble, y artisticamente una pasada!! aunque la verdad es dificil de almacenar tanta información...

Un besote :)

pd. sigo por aquí!

senses or nonsenses dijo...

me he perdido conmigo mismo con el texto de borges. después, aunque lo he leído todo, creo que sólo me he enterado de las fotos.
excelentemente documentado, como siempre.

un abrazo.

Gus dijo...

AMIGOS! ¿qué parte no entendieron que se las explico? JE!

Lucía Duque dijo...

mmm no sé... sería para sentarnos a tomar un café e ir desglosando frases :P

Pero mola, se nota que sabes mucho, y sobretodo escribes genial :)