"Ser cosmopolita no significa ser indiferente a un país y ser sensible a otros. Significa la generosa ambición de ser sensibles a todos los países y todas las épocas. El deseo de eternidad, el deseo de ser muchos" JORGE LUIS BORGES

2 de agosto de 2010

En la pasarela de Rapperswil


Lo que más aprecio cuando emprendo un viaje, es otorgarme el permiso de 'sorprenderme' en el camino, tomar las rutas que deseo en el momento y dejarme llevar por una cierta intuición. Allí donde me dirijo, algo bueno está por sucederme.


Ésto simplemente me ocurrió hace exactamente una semana, cuando partiendo desde Zürich, la esplendorosa ciudad Suiza que les comentaba en un relato anterior ('Calma mundana en una vibrante ciudad'), tomé la carretera que, en su trazado, delinea el gran lago de Zürich y  en unos 30' nos permite acercarnos a 'Rapperswil-Jona', un precioso poblado medieval, ubicado al norte de éste lago.

El tiempo en las montañas suele ser muy variable y a veces tienes la sensación que atraviesas varias situaciones climáticas en pocas horas y ésto también lo vivencié en ésta región. El clima cambiante de un momento a otro, otorgando una cierta fascinación a los ya increíbles colores con los que la Naturaleza nos dona por doquier.

Primera sorpresa, la ciudad de 'Rapperswil' nos recibía con los brazos abiertos y enseñandonos a cada paso, porqué es denominada 'la ciudad de las rosas', un rincón nada menos que con ínfulas de Mediterráneo, en el corazón de los Alpes suizos.
La comparación con el gran mar azul no es antojadiza: Rapperswil goza de un clima especial, que le permite tener casas y edificios con sus improntas medievales muy bien conservados, jardines y rosedales multicolores por doquier, energía de poblado de campaña que sabe de su historia y conoce sus encantos, y otra característica que la resalta en su particularidad: viñedos! Colinas y viñedos que aquí han encontrado otra razón para afincarse, otorgando ésa belleza cautivante, que sólo las labores febriles de la gente de campo sabe ofrecer, en medio de ésta sucesión de valles y montañas que me sabían tan vitales.

Claro que un castillo debe dominar la región. Aquí nos encontraremos frente a la antigua fortaleza de los barones de Rapperswil, una dinastía que predominó por aquí desde el siglo XII y hasta su ocupación por otra dinastía, la de los Habsburgo. Luego de pasar a manos de la Confederación Suiza y ser invadido (¿cómo no?) por un tal Napoleón Bonaparte durante la Revolución Francesa, retornó bajo la tutela de la Confederación Helvética desde 1803 y hasta la actualidad.


La vista desde éste castillo es simplemente subyugante: todo lo que nos podamos imaginar y más. El gran lago de Zürich a nuestros pies, colinas y viñedos por doquier, las altas cumbres nevadas de los Alpes en su paso por Suiza y pequeñas capillas, típicamente protestantes, con sus campanarios en torre  señalando que un pequeño poblado se yergue a su alrededor.


De todos los senderos posibles, tomé uno que me conducía a un 'puente de madera' u 'Holzbrücke' en alemán, que se me presentaba en toda su larga extensión. Hacia allí me dirigí, cuando el cielo se teñía con fuertes nubarrones y una tormenta 'de aquellas' se aproximaba.
No importaba, decidí igual transitar ésa pasarela, rehabilitada por la comuna local en el año 2001, respetando el trazado de un puente similar que desde hace 600 años conducía peregrinos a la lejana, desde aquí, Santiago de Compostela.
Ésta vez como un peregrino moderno que se hechiza por los rayos y centellas que descendían vertiginosos sobre un panorama de ensueños, contemplé aquella tarde, algunos de los paisajes más bellos y oníricos de los que me haya podido imaginar.

Entonces recordé las enseñanzas de mi padre. Justo mi Viejo que se nos fué hace casi dos meses. Durante éstas semanas que pasaron desde su desaparición física, he tratado de 'imaginarme' ¿cuál sería el legado que deseaba recordar de mi papá?. Sus últimos años de anciano no fueron los mejores para él, y nos separaba no sólo un océano de distancia, sino que también un abismo generacional (nací cuando él ya era muy grande ... ). Un señor muy conservador de pagos chicos, atado a sus tradiciones, y yo, todo lo contrario: rompiendo moldes y mandatos familiares de siglos, recorriendo caminos en tierras muy lejanas de mis orígenes y viviendo la vida como una constante aventura.

En fin, contemplando ésos maravillosos paisajes de montaña, en una tarde de lluvias y tormentas, tuve la revelación suprema de saber que ése sería entonces, el 'legado' que mi padre me había obsequiado: haberme enseñado cuando mi infancia en las montañas de la Patagonia argentina, a saber apreciar y respetar la belleza sublime de los paisajes. A saber detenerme a tiempo y simplemente contemplar.
Contemplar a mi alrededor sintiéndome único, como si fuera la primera persona que vislumbra un paisaje así. Sintiendo que desde ahora en más, cada vez que contemple éstas o cualquier otras montañas, mi papá, el viejo Cefe, estaría a mi lado sonriéndome y contemplándolas conmigo.

Simplemente ¡Gracias Papá!




Quelques Notes: ... y cómo terminé ésa tarde? regresando a Rapperswil, completamente mojado, a por una increíble taza de espeso y humeante chocolate caliente ... pero ésa hsitoria, se las cuento en la próxima!
Perdón por tomarme la licencia de compartir algunas escrituras personales, no fué mi intención otorgarles un 'golpe bajo', simplemente es el relato de la revelación que tuve aquella tarde de tormenta sobre una pasarela de madera, en medio de la magia ancestral de los Alpes suizos.

14 comentarios:

Luis G. dijo...

Un gran legado te dejó tu padre, amigo Gus. Es el don, la habilidad o facultad del notable viajero, apreciando en los viajes todos los detalles, sobre todo donde reina la belleza.

"La contemplación es la madre de las sensaciones", digo. Y así lo haces constar, con tus revelaciones, que son todo un regalo para los que, fielmente, seguimos tus pasos.

Un fuerte abrazo,

Luis.

Mª Angeles y Jose dijo...

Si tus relatos son magnificos, tu manera de manejar la camara es genial...cada dia me gustan mas tus trabajos.

Felicidades.

Besos

Begoña dijo...

Como bien dice Luis, tu padre te dejó un gran legado.
Con tu habilidad e intuición no dejas de sorprendernos en cada entrada.

Felicidades

Un fuerte abrazo

Ana dijo...

Una larga pasarela de madera. Quizás fue lo que necesitaste para pararte y mirar las dos orillas. Un puente hacia tu padre, un abrazo más allá de todo. Un recuerdo reparador. No pidas perdón por sentirte vulnerable. Como sea estamos aqui, en alguna de tus orillas de la geografía de tu vida.
Tu saludo fue un sol para el frio de mis huesos. Supongo que ya saldré de esta nube oscura que me anilla.
Un abrazote

ANZAGA dijo...

Muy conmovedora tu entrada. Siento lo de tu padre.

A mí me ocurre algo muy parecido, me siento a siglos de mis padres, supongo que es ley natural ser tan diferentes a los que nos dieron vida y a la vez sentirse unidos por siempre a ellos.

Abrazos Gus.

GusPlanet dijo...

Hola Luis: la verdad que sí, fué una gran 'revelación' la que tuve, y sé que le debo estar muy agardecido no sólo por donarme la vida, sino por enseñarme a apreciarla de ésta manera ... excelente su frase!

Ma.Angeles: muchas gracias por tus palabras, ya lo he dicho, pero viniendo de uds me honrra muchísimo ...

Gracias Begoña por estar siempre presente!

GusPlanet dijo...

Aaaaaaana y mil anas: muchas gracias por 'entender' mi pequeño mensaje y gracias por compartir el tuyo ... Me gustó eso de las dos orillas, y una pasarela de madera como símbolo de unión ... la vida no cesa de sorprenderme con sus mensajes!

Amigo Anzaga: lo bueno es reconocer ésas diferencias y sobre todo aceptarlas ... sinceramente no temo a la muerte, creo que deberíamos 'desacralizar', porque es un peldaño más y forma parte de la esencia (el 'bagaje') con el que llegamos a éste mundo ... en definitiva, cuando una persona anciana fallece, creo que siempre es motivo de festejo, de festejar su vida y sus realizaciones, su legado. Claro, pero éso es muy personal!

Ignacio Santana dijo...

Precioso lugar que me encantaría visitar el que nos muestras, Gus...y preciosa y emotiva historia recordando a tu padre, recibe mi sincero pesar por su reciente pérdida amigo, pero ese legado que te ha dejado...es toda una joya!!!

Un fuerte abrazo!!! ;)

Vero dijo...

Gus: en primer lugar, gracias por compartir con nosotros, un monton de amigos extraños, un momento tan intimo de tu vida.
He perdido a mis padres muy pronto en mi vida, y tal vez por eso me atrevo a decirte esto. No existe el libro que le enseñe a nuestros padres a ser padres, pero con el tiempo, cuando los hijos nos hacemos adultos, entendemos que hicieron lo mejor que pudieron, y que lo hicieron de corazon. Y con eso nos tenemos que quedar. Hay un lugar en el corazon que es de ellos,definitivamente, y lo mejor que podemos hacer por ellos como hijos,para que esten orgullosos de los recuerdos que nos dejaron, es almacenar alli LOS MEJORES RECUERDOS,como tambien hacés vos. Te mando un abrazo enorme, desde San Miguel, Buenos Aires, con un pedazo de mi corazon para siempre en Azul. Vero

GusPlanet dijo...

Gracias Ignacio por tus sinceras palabras: son muy bienvenidas!

Vero: ¿qué puedo decirte? GRACIAS a vos por tus enormes palabras y gracias por entender mi mensaje ... comparto totalmente lo que dices, creo que es necesario que ubiquemos a nuestros padres en ése 'sentido' de la vida y quedarnos con los buenos recuerdos. ¡Brindemos entonces por ése legado!

Lola Mariné dijo...

Preciosas imagenes y un interesante relato con ese punto intimo y personal que compartes con nosotros. Un bonito recuerdo a tu padre.
sAludos

Stanley Kowalski dijo...

El reconocimiento a tu padre le dió a este relato un clima intimista, que a menos a ´mí, me hizo apreciar aún más las maravillosas imágenes y los relatos de estos lugares soñados!

Muchas gracias Gus!

M.Eugenia dijo...

Sin duda que gran legado te dejo tu padre y allá desde donde esté seguro que está orgulloso de tí.
Un lugar maravilloso.
Un besazo

El Guisante Verde Project dijo...

Amigo Gus!, cuando empecé a leer tu entrada, en la que ya nos descubres un lugar nuevo, a pesar de que hemos estado a treinta minutos de allí, no esperaba el giro que ha tomado.
Siento mucho lo tu, permíteme, Viejo, pero estoy seguro que estará realmente orgulloso de su hijo aventurero.
Esa contemplación de las montañas también nosotros la hemos sentido en este viaje, casi podría decirse que compartido contigo.
Primero Madrid, ahora Zürich, los mismos espacios, pero una pequeña fracción de tiempo antes, o después. Tengo la sensación de que cualquier dia, en cualquier lugar, nos encontraremos.
Será un placer.

Un abrazo!
Roberto