"Ser cosmopolita no significa ser indiferente a un país y ser sensible a otros. Significa la generosa ambición de ser sensibles a todos los países y todas las épocas. El deseo de eternidad, el deseo de ser muchos" JORGE LUIS BORGES

6 de agosto de 2010

La Abadía Benedictina de Einsiedeln



Rosa que al prado, encarnada,
te ostentas presuntuosa
de grana y carmín bañada:
campa lozana y gustosa.
pero no, que siendo hermosa
también serás desdichada.
Sor Juana Inés De La Cruz

La Abadía de Einsiedeln, edificada a la gloria del señor!
Alguna vez les comenté a propósito de los numerosos castillos que podemos encontrar en Francia que,  según mi propio entender, los reyes y señores de entonces, edificaron semejantes obras, maravillas de la arquitectura, porque de alguna manera sabían que en siglos venideros, el 'pueblo', tantas veces vapuleado por ésa monarquía, tomaría provecho y revancha de ellos, constituyendo éstos monumentos en sitios de sus peregrinajes turísticos en masa.





Bueno, éso mismo es lo que sentí cuando descubrí el impresionante 'Monasterio benedictino de Einsiedeln', en Suiza.

Arribar a éste imponente edificio, una tarde muy lluviosa, penetrar en sus claustros y presenciar a los monjes elevar sus cantos ancestrales y sagrados a Dios, fué una de las visiones más increíbles que recuerde. Todo el conjunto monumental, parecía imponernos su respeto y por unos instantes, quise conservar ésa imagen para siempre ...
La hubiera conservado así, si no fuera que se me ocurrió regresar la mañana siguiente para 'retener' de alguna manera, algo de la magia 'divina' que me había sido otorgado presenciar ... ¡pero qué desilución! en vez de encontrarme con algún Dios o sus emisarios en la Tierra, descubrí una catedral barroca como pocas, rodeadas de decenas de 'tiendas de souvenirs', donde sus vendedores pregonaban que si uno compraba una imagen de los santos o de la famosa 'Madonna Negra' de su interior, íbamos a recibir la gracia del 'señor' y sus 'ayudantes'.



Sin embargo, en el monasterio que constituye el sitio de peregrinaje cristiano más importante de toda Suiza y una de las etapas imprescindibles del 'Camino de Santiago' suizo, parece ser que todo comenzó de manera muy diferente.
En efecto, según nos cuentan, fué alrededor del año 800 de nuestra era, que un monje que habitaba entre la región de Tübingen y Rottenburg, hoy conocido como 'Saint Meinrad', luego de realizar sus estudios en la escuela monástica de Reichenau, decide abandonar su vida comunal para instalarse como un ermitaño en los bosques del pueblo que conocemos como 'Einsiedeln' (el ermitaño o 'Der Einsiedler' en alemán).

Fué en el año 835 que 'Saint Menard' se instala en la zona y durante 26 años habita allí, donde construyó una capilla y algunas habitaciones muy modestas. En el año 861 de nuestra era, dos ladrones le rinden visita y lo asesinan al no encontrar objetos que llevarse.

Posteriormente su ermita es ocupada por otros monjes (de allí deriba el nombre del pueblo). Sin embargo fué en el año 934 que debuta la historia de la Abadía de los benedictinos, cuando un monje de esa congregación, se instala en la zona y consigue los medios económicos necesarios para construir el primer monasterio, varias veces destruido por las guerras y los incendios, pero que sin embargo y luego de su reconstrucción definitiva como hoy lo podemos apreciar, en 1704, adquiera su imponente fisonomía barroca, para devenir en el importante centro de peregrinaje para todos los cristianos de Europa, especialmente venidos de sitios tan lejanos como España o Portugal.




 Jamás en mi vida he visto un interior tan recargado como éste: la primera impresión que uno puede tener, es que nos encontramos ante la presencia de una 'torta de casamiento' o de bautismo gigantesca. Con sus tonos pasteles, donde predominan diferentes variantes del rosado, no han dejado un sólo centímetro cuadrado sin decorar.
Todo impone respeto y distancia. Si entramos aquí con la idea de recibir cierta espiritualidad, seguramente nos sentiremos tan defraudados como si buscáramos a Dios en el Vaticano.

Sin embargo así funciona la espiritualidad hoy en día: un 'objeto' más de consumo, como ésos turistas que consumen sus 'perros calientes' o sus hamburguesas, mientras regatean el precio de aquella estatuilla divina, que seguramente protegerá sus hogares del gran santo que hoy veneramos en media Humanidad: el santo patrono del dinero y el consumo excesivos.
 

Pero claro, estamos en Suiza: el país de los Alpes y de los paisajes que nos quitan el aliento. Desde 'Einsiedeln' podremos tomar numerosas excursiones a pié o en bicicleta por la zona. Todos caminos muy bien señalizados, seguramente obtendremos en ellos, algunas de las vistas más espectaculares de nuestra estadía en la región.
En invierno son las pistas de esquí cercanas las que llaman la atención, y si de gastronomía se trata, aquí podremos deleitarnos con lo mejor del 'savoir-faire' suizo, claro es, con gran influencia germánica y con las calorías suficientes como para continuar nuestro ascenso. Sea ése ascenso por las montañas que nos circundan o sea un 'ascenso' espiritual.

Vale la pena dispensar unos euros y realizar una visita guiada por la 'Abadía de los benedictinos': los tesoros artísticos que resguardan son incalculables, siendo su Biblioteca, el mejor motivo para recibir algo de la sabiduría varias veces centenarias, que ésos libros nos deparan. Claro, la capilla central de la 'Virgen Negra', venerada desde la Edad Media y ricamente decorada, con una imagen de la Virgen María devenida 'oscura' con los siglos y la polución de las velas, donde adquiere su mote de 'Negra', siendo venerada por miles de peregrinos.
Los tres inmensos órganos, el coro inferior y el superior, cada detalle de su decoración: sin dudas, si algo define éste sitio, es que nos encontraremos en el reino del Barroco en su versión más ortodoxa. No se nos ocurra sacar una sóla foto, éstas se encuentran definitivamente prohibidas. Si lo que querremos es un 'souvenir' de su increíble interior, nada mejor que 'adquirir' in situ algunas de las bellas postales que nos ofrecen o algún libro (en alemán, inglés o francés ... pero nada en español), que nos cuenten una vez más, la leyenda de la 'Abadía benedictina de Einsiedeln'. Amén!



 Quelques Notes: cada historia tiene sus enseñanzas, y la mía dice que nunca visites dos veces un sitio si la primera vez te ha parecido mágico. Puede que al otro día te encuentres con la triste realidad y tus ideas sobre la espiritualidad pueden regresar a su punto de partida. Pero como trato de rescartar lo mejor de casa visita, ésta vez me quedo con la gastronomía local. Efectivamente, dispuestos a 'calmar' nuestras necesidades terrenales, nos dispusimos a buscar un buen sitio donde degustar algún plato regional y pasar la noche. Creo que gracias a la ayuda recibida 'del más allá', ése sitio nos arribó en el nombre del Hotel-Restaurante 'Sonne', antigua posada de peregrinos, que conserva algunos encantos y que se sitúa justo enfrente del Monasterio. He aquí que la gastronomía fué increíble, ésos platillos que uno saborea por horas y comenta con sus amigos durante el resto de las jornadas. Pero claro, si desean conocer qué fué 'la maravilla' que produjo en mí semejantes recuerdos, he aquí el nombre de algunos de los platillos seleccionados: 'Cordon-bleu XXL (300g) vom Schweingefüllt mit KnoblischinKen und urchigem Bergkäsedazu Gemüsevariation und Pommes frites' o 'Kalbsgeschnetzeltes Zürcher Art in feiner Chanpignonrahmsauce und hauge machte Rösti'. JE!

9 comentarios:

Luis G. dijo...

Gracias, amigo Gus, por descubrirnos las bellezas espirituales de Suiza. Hermosa arquitectura, una visita imprescindible entre las magnas bellezas naturales de Suiza. Y que mejor que satisfacer los sentimientos culturales que con una grata gastronomía, para completar el viaje, como complemento esencial del mismo.

Un gran abrazo,

Luis.

Luuuuuua dijo...

superbe fotografi,felicitari

Aventurer@ dijo...

Hola Gus, fascinante la abadía y todos los detalles que nos muestras. Yo también soy partidaria de no volver a los sitios que he visitado anteriormente, precisamente porque no me quiero llevar tampoco esa desilusión, aunque hay siempre excepciones. Visitarlo por la noche sería mágico, tal como nos comentas.
Vaya con los platos alemanes:uf! ya estoy saciada solo con leerlos.
Un abrazo.

Begoña dijo...

En cada entrada te superas, el reportaje gráfico es excepcional, tanto en encuadre como en iluminación y qué decir de toda la documentación que aportas

Felicidades, amigo Gus

Un abrazo

Ignacio Santana dijo...

Otro interesante y curioso reportaje, acompañado de cada vez mejores imágenes (o al menos a mi me lo parece...le estás cogiendo el truco), que me ha hecho releerlo un par de veces...con gran satisfacción!!!

Un abrazo!!! ;)

M.Eugenia dijo...

Al leer tu relata sentía la magia "divina" del momento,lluego todo se esfumó con los suvenirs.
que curiosa la historia,de la nada como quien dice a una obra descomunal... ¿será verdad que la fe mueve montañas?
Las todos impresionantes.
Un besazo amigo.

Lola Mariné dijo...

Lo que cuentas del monasterio escuchando el cántico de los monjes debió de ser impresionante.
Recuerdo una sensación parecida en la Mezquita de Córdoba, asistiendo a la misa cantada de Hendel.

Saludos.

Ana dijo...

He entrado en monasterios, iglesias, capillas, nomás para disfrutar el silencio, la penumbra de imponenetes arquitecturas, en contraste con el mundo de afuera. Actualmente me es muy difícil. Encontrás (Notre Dame por ej.) y lo habrás visto, largas filas de turistas parloteando sin cesar, disparando el flah de sus máquinas fotográficas(en muchos lugares está prohibido), comprando souvenirs, introduciendo monedas especiales frente a las máquinas expendedoras de salvoconductos hacia el cielo. Patético.
Entonces, comencé mi búsqueda del silencio en mi. Luego lo hallé en lugares maravillosos de la Patagonia. Y aqui estoy.
Y disfruto el maravilloso cántico de los monjes desde un cd.
El momento te lo regala la vida. Luego si vas por más... es tu elección.
Un abrazote

GusPlanet dijo...

Muchas Gracias a todos por sus amables comentarios ... creo que Ana ha captado muy bien el 'sentido' de mi reporte ... porque la verdad que no me agrada para nada todo ése comercio que existe en todas las 'religiones' y su variantes, alrededor de la fé de las personas ... y claro, desde siempre que ésa religión se consume, se vivencia y se 'descarta' como un producto más.
En ésta caso, una vez he sido testigo como desde ésa iglesia católica son cómplices y partícipes de ése comercio ... parece rudo decirlo, pero es lo que uno percibe allí.

En fin, como siempre, a favor de una vida espiritual, sin mandatos eclesiásticos. Cada uno que lo quisiera debería 'inventar' su propio Dios. Creo que el mundo sería mucho mejor y más igualitario ...