"Ser cosmopolita no significa ser indiferente a un país y ser sensible a otros. Significa la generosa ambición de ser sensibles a todos los países y todas las épocas. El deseo de eternidad, el deseo de ser muchos" JORGE LUIS BORGES

13 de enero de 2012

Londres e inmigración, en la hora violeta!

-
Es interesante observar que cada vez que regreso a casa, luego de visitar una ciudad como Londres, siento que regreso a un sitio concebido 'a escala humana' y éso que vivo en el barrio de Le Marais, no lejos del centro neurálgico de París (como lo he contado en 'Le Marais, mi aldea y el mundo'). Y tal vez ésa sea una de las impresiones que nos puede provocar una ciudad como Londres: el de sentirnos en un lugar del Planeta donde fluye una marea humana heterogénea y cosmopolita, donde el concepto de megalópolis adquiere otra dimensión. En varias entradas anteriores, he tratado de describir sensaciones personales que me provoca la capital del Reino Unido, ésa ambivalencia de fascinación y distancia que uno puede apreciar en las calles de Londres. Y como me sucede cuando trato de transmitir mis ideas, éstas se ven influenciadas por mis últimas lecturas, conversaciones y/o hallazgos. Bien, presisamente es ésto último lo que me ocurre ahora: en un comentario de la nota anterior ('Londres, el pulso urbano de Occidente!'), nuestra amiga Juliet (del blog 'Shooting, dreaming and traveling...') nos relataba cuánto le apetecía residir una temporada en Londres, por razones laborales, pero también para vivenciar personalmente algunas de las sensaciones que hemos descripto o para recorrer con sus propios ojos, algunos de los numerosos sitios que hemos compartido en éste espacio.
-
-
Pensaba entonces 'Qué bueno que gente tan joven como Juliet, deseen y necesiten salir de sus propios lugares de residencia, salirse de su cotidiana comodidad, para aventurarse en lo desconocido', algo que personalmente vivencié hace unos cuantos años y que me ha producido tantas satisfacciones. Aunque cierta 'soledad' y 'desconcierto' iniciales, muchas veces haya sido el tributo 'entregado' a cambio de cumplir ésos sueños. Sin embargo sigo apostando que salirse de ésa 'comodidad' es una de las formas más razonables de crecimiento y claro que lo entiendo y lo incentivo en los jóvenes que desean perpetuar ése nomadismo tan humano. Con los años y las experiencias, ésas ganas de 'comerse el mundo' pueden continuar existiendo, aunque las primeras miradas de asombro y deslumbramiento, puedan dar paso a otras un tanto más cargadas de criticismo e ironía. Ése 'fuego interno' sólo se transforma en cierta maduración, pero les puedo asegurar (a todos ésos jóvenes que han armado o están armando sus valijas), que si uno lo mantiene 'vivo', ésas ganas de conquista permanecen, como un motor que nos guía y nos conduce a sitios nunca antes explorados por nosotros. Sin embargo sabremos que, si confiamos en nuestros instintos, nos pueden conducir a lo más alto y loable de nuestra existencia. Allí donde sentiremos que, si lo hicimos una vez, lo podremos repetir siempre, ésa fuerza nos acompañará el resto de nuestras vidas...
-
-
Pensaba precisamente que cuando uno visita o se muda a una ciudad nueva, a otro país, a otro idioma, lleva consigo toda ésa carga de vivencias y enseñanzas cultivadas desde nuestros sitios de origen y que, más allá de cierto 'resquemor' o 'timidez' que uno pueda vivenciar al principio, ante lo nuevo, lo desconocido, todo ése 'bagaje' emocional nos puede significar el motor que nos guíe, que nos conduzca a sentirnos parte integral de ésa nueva comunidad donde el camino nos lleve
...

Siempre escucho o leo, atentamente, cuando cuentan historias de inmigrantes que sufren tanto del 'desarraigo', que el sentimiento de nostalgia muchas veces no los deja 'avanzar' en sus nuevos destinos. Que conforman pequeñas comunidades dentro de otras, que alimentan y mantienen sus lazos idiomáticos y culturales y la verdad que no me siento identificado (sí, sí, reconozco que soy un privilegiado, que soy un inmigrante por opción y no por 'necesidad'), porque en realidad me gusta el hecho de sentirme 'cosmopolita', tal vez 'ciudadano del mundo', de sentirme 'local' allí donde decida residir y que me encanta 'aprender' todo lo que ése nuevo mundo me ofrezca. Sabiendo que la interactuaridad con los otros, es lo que nos fortalece y nos hace sentirnos parte de ése entorno.
-
-
Es cierto que pareciera que en algunas ciudades, el tema de la integración de las comunidades de inmigrantes, se encuentra más adaptado a la vida cotidiana que otros, y es cierto que muchas veces la fuerza de ésas comunidades no 'pide permiso' al que lo recibe, simplemente se 'instala' en la vida de los otros, con sus colores, sus lenguajes, sus costumbres, sus ideas y mal que nos pese, sus religiones. Y aunque reconozco que personalmente lo observo con simpatía y respeto, yo no podría vivir en uno de ésos guettos comunitarios, no podría 'encerrarme' en una colectividad. Por lo contrario necesito siempre sentirme parte del entorno donde vivo, apreciando con todas mis ganas, lo bueno y diferente que se me ofrece, sabiendo muy bien de dónde provengo y sobre todo tomando conciencia de lo que yo, como individuo, puedo ofrecer a mi tierra de arraigo (no me gusta el término 'desarraigo'). Ésas ideas las he podido vivenciar de primera mano, cuando me mudé a la ciudad de Nueva York (como ya he comentado en éste espacio: tres increíbles años que cambiaron mis ideas para siempre...), o cuando visito ciudades tan cosmopolitas como Buenos Aires, Londres, Madrid o Estambul (cada una me parece 'cosmopolita' a su manera...), o cuando recorro las calles de París, que constituyen el escenario de ésta etapa de mi vida. Inmigrantes no sólo puede significar dejar atrás un país para movilizarse a otro: inmigración también se produce dentro de una misma nación, de una misma región o comunidad y, como también lo comentaba en otro párrafo más arriba, es increíble constatar los cientos de casos de infelicidad que produce el hecho de dejar atrás una vida, una familia, una comunidad, para instalarnos en otras.
-
-
Entonces me pregunto: ¿y si tomáramos 'las riendas' de ésa situación de otra manera? ¿Y si en realidad lo viviéramos como una situación de privilegio? de oportunidad que se nos ofrece el poder vivir en culturas, idiomas, comunidades diferentes. ¿Y si saldríamos a las calles con pensamientos positivistas? ¿y si nos adaptáramos a lo mejor que el nuevo sitio nos ofrece? sabiendo que podremos ser nosotros mismos, sin necesidad de cambiar nuestros ideales, pero sí tomando conciencia que nos debemos 'adaptar' (como se adalpan las especies que desean perdurar...) a ésa nueva realidad, sin renunciar a quiénes somos, sin dejar de agradecer a ése país, ésa comunidad que nos forjó 'el camino' para transformarnos en las personas que hemos logrado ser. Lástima que muchas veces vivamos en comunidad, pero sintiendo 'al otro' como diferente, a veces como un 'enemigo' al que debemos vencer y/o convencer para que permanezcan de nuestro lado. Veo a diario demasiados gestos de 'incivilidad ciudadana', demasiadas caras largas y amargas, demasiada frustación, tal vez demasiada individualidad. Lo bueno es que no han logrado 'convencerme', no han logrado 'pasarme' a su lado, que sigo siendo el mismo chico que alguna vez salió de un pueblo montañés en la lejana Patagonia, para intentar 'comerse el mundo' y hoy, muchos años después de haber comenzado ése camino, agradezco todo lo andado, agradezco todas las oportunidades brindadas, agradezco tantos encuentros, tantas historias compartidas (... y todas las que vendrán!).
-
-
Pero sé muy bien cuál es mi destino y ya no lo persigo, porque creo entender que cuando uno aprende a dirigir su propio camino, todo alrededor confabula para vivir inmerso en sus propios sueños, transformando la realidad cotidiana a nuestra manera. Sabiendo que uno no puede irradiar cierta 'luz', sin antes no haber vivenciado también el lado oscuro de ése reflejo. Porque creo que de ésa 'dualidad', se encuentra conformada, éso que denominamos la esencia del 'ser humano'.
-

-

A Maribel, porque me ha enseñado a observar la 'hora violeta' de una manera diferente y a Hilda, Aby, Zéna, Giselle, y todos ésos chicos que se atreven a salir al mundo para vivirlo y transformarlo de una manera diferente!

-
Quelques Notes: En próximas ediciones del 'GusPlanet' volveremos a las notas sobre otros sitios imperdibles a recorrer en una visita londinenese. Nos quedan 'en el tintero' decenas de fotografías para compartir, donde descubriremos algunos interesantes 'mercados populares' y una tienda muy original que hemos visitado en el elegante barrio de Richmond... A trés bientôt!

5 comentarios:

Mª Angeles y Jose dijo...

Que bonito reportaje!

La hora Violeta me encanta regala imagenes unicas.

Besos

fosi dijo...

Hola Gus.
Que cosa lo de los guettos,eh?,parecen diferentes ciudades dentro de otra pero lo triste es que nadie conoce ni aprende de nadie.
Yo tambien me fui de mi ciudad muy joven y espabilas aunque no quieras,jajaja.
Un abrazo.

Abilio dijo...

Hola Gus, precisamente esta semana hablando con un amigo de la infancia, juventud y actual, me contaba cuando tuvo que irse por razones laborales a otra ciudad, no demasiado lejana, apenas 100 km. digo que me decia: "cuando vas a vivir a otro lugar si no te integras que coño pintas allí" "has de aprender con ellos, disfrutar con ellos y enriquecerte como persona con ellos" "¿que haces aislándote?"
En Briviesca tenemos mas de cien nacionalidades, desde Canadienses, chinos, portugueses, rumanos ecuatorianos, marroquíes... pues la verdad es que muy pocos se integran en la vida social del pueblo. Los que lo hacen, tienen otro "espíritu" mucho mas enriquecedor.
Vaya chapa que te estoy dando, pero es que me ha llegado lo que decías de la inmigración.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Cuando tenia 17 años tuve la oportunidad de vivir en USA por 1 y 1/2 y debo decir que la experiencia me cambio la forma de pensar y me enseño muchisimo.
Coincido con lo que comentas en tu post, es salir de la "comodidad" de nuestra rutina y sumergirse en una nueva cultura con todo lo que ello acarrea. Sueño con poder repetir esta experiencia.
Muy interesantes tus reflexiones.
Besos,
Juli

Maribel dijo...

Querido Gus, mil gracias, en este post no sólo nos muestras la maravillosa luz violeta de Londres sinó que te abres y nos recuerdas cuanto importante es adaptarse, no perder la ilusión y sobretodo, para resumirlo en una palabra, vivir, vivir mezclándote con las regiones que visitas, con la gente que conoces, con las vivencias que te acompañan, espero que todo ello te lo recuerde siempre la hora violeta sea de Londres o de nuestro querido Paris, o de cualquier parte del mundo, porque siempre esta ahí, cada tarde.

Comparto al cien por cien lo de que nunca se pierde la ilusión por conocer sitios, yo he empezado muy tarde a visitar ciudades pero cada vez que las visito siento la misma ilusión y las mismas ganas de ser sorprendida.

Un beso violeta,
Maribel