"Ser cosmopolita no significa ser indiferente a un país y ser sensible a otros. Significa la generosa ambición de ser sensibles a todos los países y todas las épocas. El deseo de eternidad, el deseo de ser muchos" JORGE LUIS BORGES

22 de febrero de 2013

Gordes en Luberon, simplemente un pueblo magnífico!


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"Creo en la vida eterna en este mundo, hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad." Fiodor Dostoievski
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"Estoy satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con el conocimiento, el sentido, de la maravillosa estructura de la existencia. Con el humilde intento de comprender, aunque más no sea una porción diminuta, de la Razón que se manifiesta en la naturaleza." Albert Einstein
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El Parque Natural de Luberon, en el departamento de Vaucluse, región P-A-C-A (Provence-Alpes-Costa Azul), posee todas las características geográficas que le otorgan singularidad: establecimientos agrícolas, pequeñas granjas, valles y viñedos, plantaciones de cerezos y lavandas, pueblos medievales colgados literalmente de las colinas.
Entre los numerosos pueblos y aldeas que conforman su paisaje urbano, sobresalen un puñado que han sido listados en la exclusiva organización de los Pueblos más Bellos de Francia, como nos hemos referido en numerosas ocasiones.
Pero quizás, si un pueblo se destaca entre todos, ése sea Gordes, una aldea maravillosa que debe su fama a su ubicación espectacular en la ladera de una de las tantas colinas que conforman los montes de Vaucluse y las montañas de Luberon.
Arribar por una pequeña ruta departamental y obtener ésa visión armoniosa de un pueblo literalmente 'colgado' de una colina, con sus casas y edificios perfectamente restaurados y en armonía con el entorno, conforman una de las sorpresas más agradables que nos podremos llevar en ése recorrido por el Luberon y es un panorama que jamás ha cesado de inspirar a tantos artistas que han vivido o viven en éste rincón tan especial de la Provence.
Caramba, como me gusta éste pueblo! Recuerdo la primera vez que observé Gordes desde una 'plataforma' natural arreglada para el efecto: me pareció estar frente a la 'acrópolis de Provence', un sitio remarcable, de una belleza armoniosa, emplazada como una fortaleza en ésa colina que mira hacia el valle de Luberon, donde un sinfin de trazados conforman un 'patchwork' de parcelas agrícolas, diseñadas y trabajadas desde tiempo remotos.
Y el mismo impacto me sucede, sieta años después, cada vez que paso por allí, ahora que tengo la posibilidad de vivir cerca de mi Gordes soñado... porque fué ésa primera impresión de Gordes y del valle que se rendía a sus pies, que supe que algún día debería vivir en ése entorno. Tuve ésa sensación innata, espontánea, única, de saber con seguridad que allí debía establecerme.
Gordes, como tantos otros pueblos mediterráneos, ha sido habitado desde tiempos remotos: primero fueron los hombres prehistóricos del neolítico, luego se sucedieron tribus que sabemos se denominaban 'Vulgientes' o 'Vordenses' y ésa V que luego tranformaron en G, contribuyó a la denominación del pueblo. Ésas tribus que fundaron un 'oppidium' primitivo, fueron conquistadas por los romanos en tiempos de las guerras de las Galias. Y fueron sin dudas los romanos quiénes establecieron las bases de un castillo-fortaleza en la cima de ésa colina, desde aquellas épocas remotas que Gordes funcionó como un paso fronterizo entre las distintas rutas que conformaban las Galias.
Ésas antiguas rutas comerciales, como la cercana Via Domitia lo demuestra, posibilitaron el desarrollo de varias familias y señoríos feudales que contribuyeron en la transformación del paisaje urbano en la región.
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Así, en Gordes se construyó un castillo-fortaleza cuyos primeros propietarios fueron los señores d'Agoult, y cuya primogenia mención remonta a un escrito del año 1031.
Ese castillo-fortaleza ha sido testigo de tormentosos siglos desde la Edad Media y hasta finalizada la Segunda Guerra Mundial: guerras entre señoríos y condados, guerras de religión, masacres, pestes, invasiones. Todo ello llevó a la destrucción de la antigua fortaleza de los d'Agoult y la reconstrucción, entre 1525 y 1541, en un estilo menos defensivo y más 'Renacimiento'.
Durante siglos, los habitantes de las planicies debieron refugiarse bajo el amparo de ésos señores feudales y en búsqueda de una forma de vida más protegida fueron construyendo sus casas y talleres en la ladera de ésa colina, siempre bajo el amparo de las familias que se sucedieron en la posesión de ésta región.
Hoy, en Gordes sobrevive ése castillo y las laberínticas callejuelas de piedras, casas, iglesias y edificios públicos que descienden desde ésa colina, conforman una armoniosa visión de pueblo típicamente medieval, con su castillo en la cima, su iglesia, sus fachadas rústicas y la piedra como material esencial en la construcción de todos ésos edificios, calles, fuentes, etc.
Gordes es sin dudas el pueblo más bello y conocido de la región, y gracias a su fama es que recibe cada año, especialmente en los meses de verano, la afluencia masiva de turistas. Claro, evitando un poco ésos meses de masividad (especialmente los fines de semana de verano cuando arriban decenas de buses con turistas llegados desde zonas tan lejanas como los EEUU, Japón, China, India...) Gordes posee un encanto único, sumamente placentero. Es cuando uno puede recorrer sus callejuelas, observar la arquitectura perfectamente restaurada de sus edificios, los detalles que conforman ésa armoniosa belleza, y sobre todo la posibilidad de obtener unas vistas espectaculares de los viñedos y colinas de los alrededores.
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Me resulta fascinante arribar a Gordes, imposible no detenerme a obervarla desde lejos, recreando cada vez la primera sorpresa, la primera impresión. Y me resulta fascinante la posibilidad de observar a lo lejos, en la cima de otras colinas, ése puñado de preciosos pueblos medievales diseminados en el Parque Natural de Luberon: Murs, Joucas, Lioux, Roussillón-en-Provence, Goult, Saint-Saturnin-lés-Apt, etc.
Es por ello que, además de visitar sitios fundamentales de la vida cotidiana y de la historia de Gordes, como su castillo (que hoy alberga la Alcaldía, la Oficina de Turismo y un Museo dedicado al pintor belga Pol Mara), no deberíamos perdernos otros sitios cercanos que conforman el encanto de la región.
Pero antes de abandonar el pueblo, deberíamos visitar un sitio conocido como 'Palacio San Fermín', un sitio semi-troglodita utilizado desde tiempos remotos.
Allí se han encontrado, en varias campañas arqueológicas, la utilización del lugar como refugio desde el Neolítico. Posteriormente, debido a su posición subterránea, fueron construidos silos, cavas, funcionó un molino de aceites y se sabe que fué utilizado por varias cofradías de artesanos.
En la actualidad éstas increíbles habitaciones se encuentran perfectamente restauradas y la visita nos resulta imprescindible.
Luego deberíamos acercarnos al cercano 'Pueblo de los Bories', un conjunto de construcciones de piedra, perfectamente restaurados, que nos enseña la vida local remontándose a unos 3000 años. Casas, graneros, herramientas, elementos de la vida cotidiana en el Neolítico, todo ha sido restaurado en el sitio original donde fueron encontrados!
Un poco más allá y recorriendo otra preciosa ruta departamental, nos encontraremos con el 'Molino de Boullions', situado en el mismo sitio donde funcionó un antiguo molino de aceite de oliva que data desde el primer siglo de nuestra era. Allí también se sitúa un molino monumental de 7 toneladas y 10 metros de largo, uno de los más antiguo de Francia y por ende clasificado como 'Monumento Histórico'. El museo del 'Molino de Boullion' resguarda canalizaciones trazadas por los romanos, y posee una preciosa colección de objetos e instrumentos que cuenta la utilización del aceite de oliva desde la Antigüedad.
Otro museo cercano y no menos interesante, es el 'Museo del Vidrio y del Vitral' que traza la larga historia conocida (más de siete mil años) de la utilización y transformación del vidrio por los hombres. El trazado es cronológico y a través de paneles sumamente instructivos, uno puede reconocer todas las épocas de la historia humana a través de los usos del vidrio, pasando por su utilización artística en los vitrales de las grandes catedrales o pequeñas iglesias provenzales y arribando a la utilización científica en células fotovoltaicas.
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Pero claro, un recorrido por Gordes y sus alrededores no estaría completa sino nos acercáramos a la muy especial 'Abadía de Senanque', una de las cinco abadías cistersenses de la región y la única con presencia permanente de monjes.
La 'Abadía de Senanque' es un vivo testimonio de la historia, la arquitectura y la actividad de los monjes benedictinos. El 'Monasterio de Senanque' fué fundado y construido en 1148 y ha sido habitado prácticamente desde su fundación.
En la actualidad se encuentra abierto para la visita organizada, se ofrecen oficios religiosos también abiertos a la comunidad y existe la posibilidad de realizar retiros de uno o varios dias. Para acceder a éstos retiros (gratuitos) se debe escribir a los monjes y claro, se debe participar en los pilares fundamentales de la vida monástica: el silencio, el rezo y el trabajo en el campo.
Precisamente, es ésto último lo que le otorga ésa aura de absoluta belleza: no sólo la ubicación de la Abadia de Senanque le dota de un cierto misticismo, sino que el trabajo en los campos de lavanda, cultivos de cerezos y huertas, realizados todo el año por los monjes y en primavera y verano ayudados por las personas que allí realizan jornadas de retiro espiritual, hacen que Senanque sea uno de los sitios más especiales de todo el sudeste de Francia!
Es en la primavera y el verano que Gordes recobra sus encantos y la belleza natural de sus alrededores constribuyen a la fascinación que ejerce a los viajeros que allí nos acercamos. Su 'mercado provenzal' de los martes es sumamente colorido y las actividades culturales nunca faltan: especialmente las exposiciones temporarias en el castillo de Gordes, en la Iglesia de San Fermín y en el Oratorio de Santiago, vivo testimonio de los tiempos cuando Gordes constituía una etapa incontestable del Camino de Santiago! (algunos edificios resguardan en sus fachadas esculturas en piedra de la famosa concha del peregrino).
Asimismo Gordes es conocido por sus conciertos, obras de teatro y las actividades culturales que se desarrollan al aire libre en las claras noches de verano. 
Finalmente permítanme comentarles que Gordes, a pesar de su fama internacional, de los buses repletos de turistas los fines de semana del verano, continúa siendo un sitio preservado celosamente y que seguramente así continuará para el disfrute de las generaciones futuras y de todos los afortunados que vivimos en los alrededores de éste maravilloso pueblo provenzal! 
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Quelques Notes:
Estimados amigos, visitar pueblos como Gordes,tener la oportunidad de apreciar personalmente sitios como el 'Museo del Molino de Aceite de Oliva' con maquinarias tantas veces centenarias y/o recorriendo un sitio tan especial como es la 'Abadía de Senanque' y su espectacular entorno, nos permite reflexionar (una vez más) sobre la 'relatividad' del tiempo. Tal vez porque provengo de una tierra donde la 'historia' escrita remonta solamente a dos siglos atrás o tal vez porque observo con asombro y no cierta lejanía cómo los 'tiempos que vivimos', donde parecería que todo corre más rápido, donde las revoluciones que algunos desean se resuelvan en dos años, donde crisis financieras de un lustro nos parecen eternas o cuando sentimos que en éste mundo globalizado todo cambia a una velocidad vertiginosa, es cuando me aferro a las pequeñas y grandes historias detrás de pueblos, maquinarias humanas y abadías varias veces centenarias, cuasi milenarias.
Por todo ello, obtener la oportunidad de recorrer la Abadía de Senanque es sumergirnos en ése mundo donde el tiempo transcurre muy diferente a nuestra percepción.
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Como hemos comentado, la Abadía de Senanque es un monasterio de la orden de San Benedicto, fundada en  1148. Inspirado por San Bernardo, el movimiento cistercence promueve un ideal ascético y la regla benedictina primitiva se encontraba observada en éstos establecimientos con un extremo rigor: aislamiento, pobreza, simplicidad.
La condición de vida de éstos monjes es todavía muy dura: los oficios, el rezo, la lectura alternando con trabajos manuales, los momentos de reposo de siete horas (el primer oficio se realiza a las dos de la mañana, el segundo al alba). Las cenas, tomadas en silencio, son sencillos y frugales y los monjes duermen vestidos en dormitorios desprovistos de todo confort. Por tanto la arquitectura de éste tipo de edificio refleja el sentido de pureza y sencillez deseado por los monjes: un estilo románico depurado, el material utilizado es la piedra tallada, varias veces renovado en sus diez siglos de existencia.
Claro, en ése milenio de existencia  no todo ha sido paz y rezo para éstos monjes: especialmente perseguidos durante las guerras de religión, la Guerra de los Cien Años, las pestes, la Revolución... recién a mediados del siglo XIX la Abadía de Senanque recobra su función primogenia y a partir de los años '90 es cuando retornan algunos monjes a vivir en forma permanente. Hoy podemos decir que la Abadía de Senanque se auto-mantiene: venta de lavandín (una especie de lavanda), venta de productos derivados, de miel y esencias, una preciosa tienda con todo tipo de productos elaborados aqui y/o en otras abadías, libros, música, cartas postales y por supuesto, la venta de entradas a los numerosos visitantes. Sin dudas, la Abadía de Senanque constituye un sitio ideal para la reflexión, la meditación y el encuentro personal...
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10 comentarios:

Luis G. dijo...

Vaya lugar más pintoresco, amigo Gus. Otro lugar que destacas, que es de admirar, que nos ilustras con tu sensibilidad de docto viajero, con tus textos, tan documentados y explícitos, con tus hermosas fotos... Francia, gracias a ti, está más cerca de nosotros...

Somos, tus amigos, unos afortunados contigo.

Un abrazo.

Luis.

Paco Piniella dijo...

Y sigues con lugares fantásticos...

Saludos viajeros
El LoBo BoBo

Antonio Ruiz dijo...

La verdad es que ese parque natural tiene una pinta fantástica, y en especial como mencionas, Gordes, esa aldea ubicada en la espectacular ladera de los montes de Vaucluse y las montañas de Luberon.

Un abrazo.

GUSPLANET dijo...

Gracias Luis, por ser un 'lector' tan fiel de éste espacio... como ya sabes, me inspiro en tus relatos viajeros para tratar de contar los mios...y como dice la sabiduría popular: pinta tú aldea y pintarás el mundo!

GUSPLANET dijo...

Gracias Paco, por pasarte por aquí y estar allí!

GUSPLANET dijo...

Hola Antonio! Estoy realizando ésta serie sobre el Parque Natural de Luberon en Provence, porque sencillamente vivo aqui desde hace unos meses (bueno, por ahora entre Provence y Paris) y claro, la verdad que ésta tierra es bendecida por tantos siglos de historia y todo el trabajo de preservación de los habitantes de cada pueblo...

Abilio Estefanía dijo...

Hola Gus, se me antoja que para vivir en Gordes, hay que estar en forma.
La "vieja" Europa cargada de historia de tantos años.

Un abrazo

M. Teresa dijo...

Qué bien sienta mirar esas fotos en un día tan gris y triste como el que tenemos hoy por aquí!!!

Disfruta del fin de semana

GUSPLANET dijo...

Hola Abi!
Si, si vives en la colina debes hacer grandes esfuerzos cada día, pero en la planicie es mucho más agradable (sobre todo porque las casas suelen tener grandes parques y/o jardines). Tanta historia que estoy absorviendo con pasión e interés!

GUSPLANET dijo...

Ma.Teresa, ya sabes, aunque no lo veamos... el sol siempre está!
Saludos!