"Ser cosmopolita no significa ser indiferente a un país y ser sensible a otros. Significa la generosa ambición de ser sensibles a todos los países y todas las épocas. El deseo de eternidad, el deseo de ser muchos" JORGE LUIS BORGES

7 de marzo de 2014

Recorriendo Goult, otro precioso pueblo de la Provenza





 



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Nos situamos nuevamente en el Parque natural regional de Luberon, éste enclave de la Provenza francesa más auténtica y preservada. A lo largo de ésta serie, hemos descubierto algunos de los pueblos más bellos y prestigiosos de la región, muchos de ellos listados en la organización de 'Los Pueblos más bellos de Francia', donde cada uno posee alguna característica que los hace interesantes y particulares.

Continuando nuestro recorrido, llegamos a Goult, otro de ésos pueblos destacados, un poco más alejado y preservado del circuito de turismo masivo y que por ende se me antoja resguarda más autenticidad.
La mejor manera de llegar a Goult es a través de una pequeña ruta departamental partiendo desde Roussillón-en-Provenza, ése fantástico pueblo donde reinan los ocres y donde la singularidad de su arquitectura se amalgama perfectamente con el paisaje circundante.


Atravesaremos colinas, viñedos, pinares y en cada curva del sinuoso recorrido, aparecerán (como visiones mágicas) algunos de los más destacados establecimientos rurales de la zona. Conduciremos algunos escasos kilómetros y he aquí que por fin asoma nuestro destino: el bello pueblo de Goult que, como si de un navío se tratara, con su castillo/proa penetra en los preciosos viñedos como un océano de belleza calma e infinita, quienes permiten la navegación del pueblo/navío.


Goult es una joya en el Luberon, se me ocurre describirlo como un precioso sitio que preserva su calma y autenticidad: aquí no desean pertenecer al 'club de los más bellos pueblos', porque sus habitantes saben que la hermosura de su aldea también reside en la serenidad de su vida cotidiana.
Ésta auténtica aldea debe su origen, como muchas otras en la región, al primitivo establecimiento de tribus 'celtas-ligures', el pasaje del Imperio romano y el posterior establecimiento de señoríos feudales, los verdaderos constructores de la mayoría de éstos pueblos.
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Emplazado alrededor de su bien preservado castillo (hoy convertido en una lujosísima residencia privada), en las sinuosas callecitas de Goult podremos apreciar el trazado de diferentes épocas y estilos en cuanto a su arquitectura y decoración exterior. Durante siglos, una pujante saga familiar fué la propietaria del castillo local y de numerosos otros en los alrededores: los Agoult fueron la típica familia poderosa, que supieron conquistar territorios, negociar tratados con reyes y condes y expandir sus dominios en el trazado y la construcción de decenas de pueblos vecinos.

Y como ésas otras aldeas pertenecientes al Parque natural regional de Luberon, Goult sufrió los vaivenes socio-políticos (pestes, guerras e invasiones), que durante siglos fueron la constante en la vida de éstos pueblos provenzales: una vez atravesadas ésas pestes y guerras de religión, una vez atravesada la Revolución de 1789, ser casi abandonado durante el siglo XIX y buena parte del XX y atravesado dos guerras mundiales, Goult finalmente comienza su lento renacer a principios de los años ‘50, cuando se produce el redescubrimiento de los encantos de la vida rural y comienzan las primeras migraciones de carácter turístico.


En la actualidad Goult ha logrado preservarse con la singularidad que sus habitantes originarios hablando la lengua local deben convivir con acentos extranjeros, sobre todo belgas, alemanes e ingleses afortunados, quienes pagan precios siderales por las villas rurales, mansiones, hoteles privados y cuánto edificio se haya preservado y restaurado, generalmente en manos de agentes inmobiliarios de renombre internacional.


Al respecto, periódicamente se publican reportajes que hablan sobre la necesidad de superviviencia de éstos preciosos pueblos, entre el encanto de lo auténticamente rural y local y la presencia de nuevos habitantes, parisinos y/o extranjeros, quienes, gracias a sus inversiones en el patrimonio arquitectónico local y su adaptación a la forma de vida local, dinamizan sus economías. El desafío, entonces, es grande: continuar con la preservación de los espacios naturales y arquitectónicos y dinamizar la vida cotidiana de los poblados, sobre todo con la implantación de numerosos artistas, escritores, pintores, escultores (algunos de renombre internacional!), que embellecen éstos pueblos y generan eventos culturales de envergadura.

Goult es de ésos pueblos que poseen varios sitios muy interesantes a visitar: nuestra recorrida debería comenzar por la plaza del Ayuntamiento y la Iglesia de San-Sebastián (del siglo XI), que llama nuestra atención. La Iglesia de San-Sebastián posee pinturas murales muy antiguas, como antiguo es el altar y el mobiliario interior. Una primera observación de los alrededores, nos permitirá apreciar una arquitectura netamente provenzal, donde la piedra es el principal elemento de construcción.
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Aquí deberíamos continuar nuestro recorrido, pero atención, el automóvil lo deberemos dejar en alguno de los estacionamientos locales, ya que la visita del pueblo se realiza únicamente a pié.

Partiendo del Ayuntamiento, en primer lugar nos toparemos con algunos cafés y pequeños restaurantes. Un café en especial debería llamar nuestra atención: se trata del ‘Café de la Poste’ (Café del Correo), un establecimiento familiar que cuenta con una excelente cocina y con una preciosa terraza, muy apreciada por visitantes y locales, siendo uno de mis sitios favoritos en todo momento de la jornada. Su terraza es perfecta para ésos días soleados donde recobrar fuerzas luego de un recorrido en bicicleta o simplemente para ver pasar el ritmo de la vida en Provenza!

Una vez que nos encontremos recorriendo las sinuosas callecitas de Goult y realizando nuestra ruta de acuerdo a un interesante itinerario confeccionado por la Oficina de Turismo de la comuna local, no deberíamos dejar de buscar los puntos panorámicos que nos permitirán tener una verdadera aproximación de los paisajes y colinas de Luberon; así como observar los pueblos vecinos, que modifican su silueta de acuerdo a la hora del día y por ende, a la situación del sol. Ojalá ustedes queden atrapados, como yo lo estoy, por la belleza de ésos valles y por el encanto de los pequeños pueblos medievales, colgados literalmente de las colinas.

Atravesamos el ‘casco urbano’ de Goult y nos hallaremos frente a un viejo molino de viento restaurado: se trata del Molino de Jerusalén, uno de los más antiguos de la región y uno de los que ha sido mejor preservados. Desde allí podremos emprender el camino hacia otra de las atracciones turístico-culturales de Goult: el ‘Conservatorio de Terrazas cultivadas’, un auténtico ‘museo al aire libre’ perfectamente restaurado por asociaciones locales, que nos permiten recorrer y observar un tipo de trabajo muy común en la región.
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Los cultivos en terrazas fueron, históricamente, la forma que encontraron los primitivos habitantes de Provenza y del Parque natural regional de Luberon para organizar sus plantaciones: es una forma expandida en numerosos pueblos del Planeta y que por aquí tuvo su auge gracias a que sus habitantes se encontraron con materiales suficientes (sobre todo piedras calizas) para llevarlas a cabo.

Luego de décadas de abandono, éstas terrazas han sido redescubiertas y su antigua función puesta en valor: no sólo podremos visitar las terrazas propiamente dichas, en nuestro recorrido nos toparemos con ‘bories’, antiguas cabañas de piedra donde los agricultores locales guardaban sus herramientas o, si era necesario, pasaban la noche. También veremos ‘aiguieres’, que son pozos de agua tallados en la piedra y claro, caminaremos entre preciosos olivares, plantados como en la antigua tradición local.
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1 comentario:

Alejandro Marin dijo...

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LAS MUJERES QUE NO ERAN QUIENES DECIAN SER
autor Alejandro Marin
www.cortemoslacarajo.blogspot.com
Novela negra rioplatense.
Dos amigos, un economista de profesión y cocinero por afición y un comisario ex jefe de Delitos Complejos de la Policía Federal, tratan de desentrañar el misterio del caso que les ha caído entre manos.
La historia viaja entre Montevideo y Buenos Aires, a veces separada por el río y otras por un desigual contexto, en donde la margen occidental vive estragada por la mentira, la corrupción y la burda vindicación de la violencia. Y un decidido esfuerzo colectivo por negar la realidad de lo ocurrido, en un pasado cargado de arrebato y animosidad contra quien pensaba distinto.
El relato pinta de cuerpo entero a los personajes centrales que deambulan por los distintos ambientes, que los investigadores tienen que recorrer en la afanosa búsqueda de la verdad.
Escrito en un estilo ameno, donde no están ausentes ni el humor ni la ironía inteligente, el relato le reserva un pequeño lugar a los avatares de la economía argentina y a la descripción de sabrosas comidas, en casos con sus detalladas historias y recetas. Con la convicción que el buen comer y beber, además de un sano ejercicio para una mejor calidad de vida, también representa una plataforma desde donde aguzar el ingenio y reflexionar sobre los acontecimientos que ayudan a encontrar los secretos que uno persigue.